Aplicar La Palabra De Dios

Se han contado más de tres mil promesas en la Palabra de Dios. Cada una de ellas proviene del corazón de un Dios amoroso, que “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efe. 3:20). Las promesas de Dios son compromisos que él hace con cada uno de nosotros. Cuando reclamamos estas promesas por fe y enseñamos a otras personas a reclamarlas, las bendiciones del Cielo fluyen en nuestra vida. El apóstol Pablo enfatiza esta realidad divina en Romanos 8: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (vers. 32). El apóstol Pedro esclarece esta promesa, declarando que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder” (2 Ped. 1:3). A través de la muerte de Cristo en la Cruz, y su victoria sobre Satanás y los principados y potestades del infierno, él ha provisto todo lo necesario para que vivamos una vida espiritual piadosa. También promete satisfacer nuestras necesidades físicas básicas.

Compara 1 Juan 1:7 al 9 y Filipenses 4:13 y 19. Aunque estas promesas son bastante diferentes, ¿qué nos enseñan sobre el carácter de Dios? ¿Cómo han impactado estas promesas en tu vida?

Las promesas que hemos leído en estos pasajes hablan de algo diferente, pero la imagen de Dios que nos brindan es muy similar. Revelan a un Dios de perdón amoroso, poder infinito y preocupación por nuestras necesidades básicas. Nos dan la seguridad de que Dios se preocupa profundamente por nosotros.

Lee Hebreos 3:19; 4:1 al 3; y Mateo 13:58. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de la necesidad de la fe?

Hay tantas promesas maravillosas de Dios en la Biblia, y cuando por fe reclamamos las promesas de la Palabra de Dios y las creemos porque Cristo lo ha prometido, las bendiciones de esas promesas se hacen nuestras. Es la falta de fe en la capacidad de Dios para hacer lo que ha prometido en su Palabra lo que limita el cumplimiento de las promesas de Dios en nuestra vida. Ora para que Dios te guíe esta semana a alguien que necesita las promesas esperanzadoras que se encuentran en la Palabra de Dios.


Comentarios Elena G.W

Cristo ha hecho toda provisión para que seamos fuertes. Nos ha dado su Espíritu Santo, cuyo oficio es recordarnos todas las promesas que Cristo ha hecho, para que tengamos paz y una dulce sensación de perdón. Si tan solo mantenemos los ojos fijos en el Salvador y confiamos en su poder, seremos llenados de una sensación de seguridad, pues la justicia de Cristo llegará a ser nuestra justicia (La maravillosa gracia de Dios, p. 259).

Las Escrituras deben recibirse como palabra que Dios nos dirige, palabra no meramente escrita sino hablada…

Así sucede con todas las promesas de la Palabra de Dios. En ellas nos habla a cada uno en particular, y de un modo tan directo como si pudiéramos oír su voz. Por medio de estas promesas, Cristo nos comunica su gracia y su poder. Son hojas de aquel árbol que es “para la sanidad de las naciones”. Apocalipsis 22:2. Recibidas y asimiladas, serán la fuerza del carácter, la inspiración y el sostén de la vida. Nada tiene tal virtud curativa. Ninguna otra cosa puede infundirnos el valor y la fe que dan vital energía a todo el ser (El ministerio de curación, pp. 84, 85).

El que ha entregado su vida a Dios para socorrer a los hijos de él se une a Aquel que dispone de todos los recursos del universo. Su vida queda ligada a la vida de Dios por la áurea cadena de promesas inmutables. El Señor no lo abandonará en la hora de aflicción o de necesidad. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Y en la hora de necesidad final, los compasivos se refugiarán en la misericordia del clemente Salvador y serán recibidos en las moradas eternas (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 24, 25).

Por el estudio de las Escrituras y la oración ferviente, tratad de obtener un claro concepto de vuestro deber y luego cumplidlo fielmente. Es esencial que cultivéis la fidelidad en las cosas pequeñas, y al hacerlo adquiriréis costumbres de integridad en las responsabilidades mayores… Cada acontecimiento de la vida es grande para bien o para mal. La mente necesita ser educada por las pruebas diarias, a fin de que adquiera fuerza para resistir en cualquier situación difícil. En los días de prueba y peligro, necesitaréis ser fortalecidos para permanecer firmes de parte de lo recto, independientes de toda influencia opositora.

Cristo consiente en llevar nuestras cargas solo cuando confiamos en él. Él dice: “Venid a mí todos los que estáis cargados; dadme vuestra carga; confiad en que puedo hacer lo que resulta imposible para el instrumento humano”. Confiemos en él. La preocupación es ciega y no puede discernir el futuro. Pero Jesús ve el fin desde el principio, y ha preparado la manera de socorrerlo. “¡Tanto por hacer!” Sí, pero, ¿quién es el Jefe de los obreros? Jesucristo, nuestro Señor. Él ofrece aliviarnos las cargas que llevamos, al colocarse a sí mismo debajo de ellas. Al morar en Cristo, y al morar Cristo en nosotros, podremos hacerlo todo mediante él, quien nos fortalece (God´s Amazing Grace, p. 113; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 113).

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