Percibir Oportunidades Providenciales

El libro de Hechos está lleno de historias de cómo los discípulos aprovecharon las oportunidades providenciales para el avance del Reino de Dios. De un extremo al otro del libro, leemos relatos fascinantes de la iglesia primitiva y cómo creció, incluso a pesar de los desafíos que enfrentaba tanto interna como externamente.

En 2 Corintios 2:12 y 13, por ejemplo, el apóstol Pablo cuenta su experiencia en Troas: “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia”. Dios abrió milagrosamente una puerta para que Pablo predicara el evangelio en el continente europeo, y sabía que las puertas que Dios abre hoy podrían cerrarse mañana. Aprovechando la oportunidad y viendo las posibilidades, inmediatamente navegó hacia Macedonia.

El Dios del Nuevo Testamento es el Dios de la puerta abierta, el Dios que nos brinda oportunidades providenciales para compartir nuestra fe. A lo largo del libro de los Hechos, vemos a Dios trabajando. Se abren puertas en ciudades, provincias, países y, sobre todo, en corazones individuales.

Lee Hechos 8:26 al 38. ¿Qué enseñan estos versículos sobre la disposición de Felipe a ser guiado por Dios y su capacidad de respuesta a las oportunidades divinas?

“Un ángel guio a Felipe a uno que anhelaba luz y estaba dispuesto a recibir el evangelio. Hoy también los ángeles guiarán los pasos de los obreros que consientan en que el Espíritu Santo santifique sus lenguas y refine y ennoblezca sus corazones. El ángel enviado a Felipe podría haber efectuado por sí mismo la obra en favor del etíope; pero no es tal el modo que Dios tiene de obrar. Su plan es que los hombres trabajen en beneficio de sus prójimos” (HAp 91).

Si tenemos oídos para escuchar y ojos para ver, también nosotros seremos guiados por ángeles invisibles para alcanzar a los buscadores de la verdad con las verdades del Reino.

Observa cuán centrales fueron las Escrituras en esta historia. Además, observa cómo en este punto era tan importante para alguien que conocía las Escrituras exponerlas. ¿Qué lecciones hay aquí para nosotros?


Comentarios Elena G.W

Si el Señor desea que llevemos un mensaje a Nínive, no le agradará que vayamos a Jope o a Capernaum. Razones tiene para enviarnos al punto hacia donde han sido encaminados nuestros pies. Allí mismo puede estar alguien que necesite la ayuda que podemos darle. El que mandó a Felipe al eunuco etíope; que envió a Pedro al centurión romano; y la pequeña israelita en auxilio de Naamán, el capitán sirio, también envía hoy, como representantes suyos, a hombres, mujeres y jóvenes, para que vayan a los que necesitan ayuda y dirección divinas (El ministerio de curación, p. 375).

Ángeles celestiales están velando sobre los que buscan luz y cooperan con los que tratan de ganar almas para Cristo. Esto se echa de ver por el incidente de Felipe y el etíope.

Fue enviado un mensajero celestial para mostrar a Felipe su obra para con el etíope… Los ángeles de Dios estaban tomando nota de este buscador de la luz… Hoy, como entonces, los ángeles están dirigiendo y guiando a los que desean ser guiados y dirigidos. El ángel enviado a Felipe podría haber hecho él la obra por el etíope, pero no era esta la manera de trabajar de Dios. Como instrumentos de Dios los hombres deben trabajar por los otros.

Cuando Dios le dio a Felipe su tarea… aprendió que cada alma es preciosa a la vista de Dios, y que los ángeles dirigen a los agentes humanos para llevar la luz a aquellos que la necesitan. Los ángeles no han sido encargados de la tarea de predicar el evangelio; pero mediante su ministerio, Dios envía luz a su pueblo; y es a través de su pueblo que la luz ha de llegar al mundo (In Heavenly Places, p. 103; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 105).

En esta experiencia de Felipe y el etíope está presentada la obra a la cual Dios llama a su pueblo. El etíope representa a cierta clase numerosa de personas que necesitan misioneros como Felipe, misioneros que oigan la voz de Dios y vayan adonde él los mande. Hay personas en el mundo que leen las Escrituras, pero que no pueden entender su significado. Se necesitan hombres y mujeres que tengan un conocimiento de Dios para explicarles la Palabra a estas almas (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 66).

Aquel cuyo corazón está lleno con la gracia de Dios y con amor a sus prójimos que perecen, hallará la oportunidad, no importa dónde esté colocado, de hablar una palabra en sazón a los cansados. Los cristianos han de trabajar por su Maestro con humildad y mansedumbre, aferrándose a su integridad en medio del ruido y bullicio de la vida.

Debemos esforzarnos por entender las debilidades de los demás. Sabemos poco de las pruebas en los corazones de aquellos que han sido atados por las cadenas de la oscuridad y que carecen de resolución y poder moral (La maravillosa gracia de Dios, p. 127).

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