El arte de preguntar

inVita

Al seguir a Jesús y convertirnos en discípulos de él, nos encontramos con un componente de aprendizaje activo. Si bien esto suena muy elemental, el hecho es que muchos se allegan a la religión desde una perspectiva netamente experimental. En otras palabras, algunos piensan que la suma total de la espiritualidad es un sentimiento de éxtasis. Si bien en verdad hay gozo y dicha en el caminar cristiano, existe un espacio crucial para el aprendizaje, no para aprender datos de memoria, sino para involucrar a la razón en un proceso de preguntas y respuestas.

  • El Antiguo Testamento dice: «El Señor dice: “Vengan, vamos a discutir este asunto”» (Isa. 1: 18).

  • El Nuevo Testamento afirma: «Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso» (Mat. 11: 29).

En una relación donde se establece la confianza (la etapa de preparación) y se consideran las cosas espirituales (la etapa de la siembra), debe llegar un momento en el que se formulen las preguntas tanto lógicas como intuitivas. Si bien muchas respuestas se encontrarán en las Escrituras, no todas ellas se pueden ubicar de inmediato, ya que algunas requieren una mayor madurez espiritual y un mayor entendimiento. Sin embargo, para que este momento surja, se debe primeramente dominar el arte de hacer preguntas.

Las preguntas introducen nueva información, estimulan las emociones, nos motivan a la acción, brindan puntos de partida para cualquier discusión y despejan prejuicios y malentendidos. Jesús, en su ministerio terrenal, dominó el arte de hacer preguntas. Brindo óportunidades no solo para el surgimiento de respuestas, sino también para que se experimentaran curaciones, emociones, convicciones, superación del sentimiento de culpa y libertad.

En el Evangelio de Marcos, leemos que Cristo hizo preguntas como: «¿Por qué piensan ustedes así? ¿Qué es más fácil» (Mar. 2: 8, 9); ¿Cómo te llamas?» (Mar. 5: 9); «¿Quién me ha tocado la ropa?» (Mar. 5: 30); «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Mar. 8: 27); «¿Cuánto podrá pagar el hombre por su vida?» (Mar. 8: 37); «¿Qué están ustedes discutiendo con ellos?» (Mar. 9: 16); «¿De quién es esta cara y el nombre que aquí está escrito?» (Mar. 12: 16); y muchas otras. Sí, algunas son sencillas preguntas parte de un diálogo, pero en algunos relatos Cristo no busca información (¡porque ya sabe la respuesta!); está buscando un momento pedagógico en el que se puedan dejar a un lado las presuposiciones del oyente.

¿Hemos experimentado ese intercambio de preguntas y respuestas con el Señor Jesús? ¿Acaso nuestras presuposiciones han sido puestas en tela de juicio mientras razonamos con Dios y aprendemos directamente de su Palabra? ¿Hemos transferido esa experiencia a otra persona, continuando el proceso del discipulado?

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¿Qué te está diciendo Jesús por medio de los versículos del día de hoy?

¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente, o identificar algún rasgo nuevo de él, basándote en el texto de Juan 15: 1-8?

Para meditar y orar: ¿cómo respondes tú al ver a Jesús de esa manera?

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