La Lectura De La Palabra

Lee para el estudio de esta semana

Nehemías 8:1–8; Deuteronomio 31:9–13; Mateo 17:5; Hechos 8:26–38; Nehemías 8:9–12; Levítico 23:39–43.

Para memorizar

“Y leían en el libro de la Ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura” (Neh. 8:8).

El muro de Jerusalén estaba terminado. Con la colocación de las puertas, los israelitas, bajo el liderazgo de Nehemías, habían completado así la tarea principal. Cuando se terminó el muro, las naciones circundantes estaban asombradas y reconocieron “que por nuestro Dios había sido hecha esta obra” (Neh. 6:16). Los enemigos se dieron cuenta de que el Dios de Israel era real porque, a pesar de la increíble oposición y el odio que sufrieron los israelitas, aun así habían completado la obra que se habían propuesto.

Después de completar el muro, Nehemías nombró a un gobernador de Jerusalén (su hermano Hanani) y a un líder de la fortaleza (Hananías). Ambos hombres fueron elegidos sobre la base de su integridad, confiabilidad y reverencia hacia Dios (Neh. 7:2), no por su genealogía.

Los siguientes capítulos de Nehemías (Neh. 8-10) describen una serie importante de acontecimientos en el mes de Tishri, el séptimo mes (Neh. 8:2). En estos versículos podemos ver ejemplos de cuán decididos estaban los hijos de Israel a obedecer la Palabra de Dios y cómo se regocijaban en ella.


Comentarios Elena G.W

Se nos dice de los levitas, que leían las Escrituras al pueblo en los días de Esdras: “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura” [Nehemías 8:8]….

Todo cristiano está llamado a dar a conocer a otros las inescrutables riquezas de Cristo; por lo tanto debiera procurar la perfección en el habla. Debiera presentar la Palabra de Dios de un modo que la recomendara a sus oyentes. Dios no desea que sus intermediarios sean incultos. No es su voluntad que el hombre rebaje o degrade la corriente celestial que fluye por medio de él al mundo [Palabras de vida del gran Maestro, pp. 270, 271).

Corremos constantemente el peligro de creer que nos bastamos a nosotros mismos, de confiar en nuestra propia sabiduría y no hacer de Dios nuestra fortaleza. Nada perturba tanto a Satanás como nuestro conocimiento de sus designios. Si sentimos nuestro peligro, sentiremos nuestra necesidad de orar, como la sintió Nehemías, y como él obtendremos esa sólida defensa que nos dará seguridad en el peligro. Si somos negligentes e indiferentes, seremos ciertamente vencidos por los designios de Satanás. Debemos ser vigilantes. Aunque, como Nehemías, recurramos a la oración, llevando todas nuestras perplejidades y cargas a Dios, no debemos creer que no tenemos nada que hacer. Debemos velar y orar. Debemos vigilar la obra de nuestros adversarios, no sea que ellos obtengan ventaja al engañar a las almas. Debemos, en la sabiduría de Cristo, hacer esfuerzos para derrotar sus propósitos, aunque sin permitirles que nos distraigan de nuestra gran obra. La verdad es más fuerte que el error. La justicia prevalecerá sobre el mal (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 627).

La conducta de Nehemías debiera ejercer una gran influencia sobre nuestra mente acerca de cómo hacer frente a esta clase de oponentes. Debemos llevar todas estas cosas al Señor en oración, como lo hizo Nehemías cuando dirigió sus súplicas a Dios con espíritu humillado. Se aferró a Dios con fe inquebrantable. Tal es la conducta que debemos seguir…. Con humildad, mansedumbre y pureza de vida, confiados en Jesús, debemos ir acompañados de un poder convincente de que tenemos la verdad.

No entendemos como nos es dado entenderlas la fe y la confianza que podemos depositar en Dios, y las grandes bendiciones que la fe nos dará. Nos espera una obra importante. Debemos obtener idoneidad moral para el cielo. Nuestras palabras y nuestro ejemplo deben hacerse sentir sobre el mundo. Los ángeles de Dios están activamente empeñados en ministrar a los hijos de Dios. Nos han sido hechas preciosas promesas a condición de que obedezcamos a los requerimientos de Dios. El cielo está lleno de las más ricas bendiciones que esperan todas para sernos comunicadas. Si sentimos nuestra necesidad y acudimos a Dios con sinceridad y fe ferviente, seremos puestos en íntima comunión con el cielo y seremos conductos de luz para el mundo (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 629).

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