Se Viola El Espíritu De La Ley

Lee para el estudio de esta semana

Nehemías 5:1–5; Éxodo 21:2–7; Miqueas 6:8; Nehemías 5:7–12; Deuteronomio 23:21–23; Nehemías 5:14–19.

Para memorizar

“Os ruego que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares y sus casas, y la centésima parte del dinero, del grano, del vino y del aceite, que demandáis de ellos como interés” (Neh. 5:11).

Jesús dijo que “siempre tendréis pobres con vosotros” (Mat. 26:11), pero eso no es una excusa para no hacer algo para ayudarlos. Al contrario, la Escritura nos exhorta a hacer nuestra parte para ayudar; de lo contrario, difícilmente podremos decir que somos cristianos.

Además es asombroso que –incluso en medio de las pruebas y las tribulaciones de los exiliados repatriados– en la reconstrucción de Jerusalén surgiera el tema no solo de la pobreza y los pobres, sino de una cuestión aún más problemática, que es la de los ricos que oprimen a los pobres.

Esta semana veremos otra manifestación de este tema histórico, y cómo trabajó Nehemías para solucionarlo. Como veremos, lo que empeoraba esta opresión era que se practicaba dentro de “la letra de la ley”, por así decirlo, un poderoso ejemplo de que debemos tener cuidado de no permitir que las normas y los reglamentos se conviertan en un fin en sí mismos en vez de un medio para lograr un fin, que es reflejar el carácter de Jesús.


Comentarios Elena G.W

El Señor vio que era indispensable que viviéramos rodeados por los pobres, quienes en su desvalidez y necesidad recurrirían a nuestro ministerio. Serían una ayuda para nosotros en la perfección del carácter cristiano, porque al proporcionar alimento para sus mesas y vestido para sus cuerpos, estaríamos cultivando los atributos del carácter de Cristo. Si no tuviéramos pobres con nosotros perderíamos mucho, porque a fin de perfeccionar el carácter cristiano necesitamos negarnos a nosotros mismos….

Cuando gastéis vuestro dinero, pensad en lo que Jesús habría hecho en vuestro lugar. El llama a sus seguidores para que caminen en sus huellas de abnegación y sacrificio propio. El carácter del cristiano debe ser una reproducción del carácter de Cristo. El mismo amor, la misma gracia, la misma abnegada benevolencia vistas en su vida, han de caracterizar las vidas de sus seguidores (Nuestra elevada vocación, p. 200).

“El amor del dinero es la raíz de todos los males.” 1 Timoteo 6:10. En esta generación, el deseo de ganancias es la pasión absorbente. Con frecuencia las riquezas se obtienen por fraude. Multitudes están luchando con la pobreza, obligadas a trabajar arduamente por un salario ínfimo, que no suple siquiera las necesidades primordiales de la vida. El trabajo y las privaciones, sin esperanza de cosas mejores, hacen muy pesada la carga. Agotados y oprimidos, los pobres no saben dónde buscar alivio. ¡Y todo esto para que los ricos puedan sufragar su extravagancia o satisfacer su deseo de acumular más riquezas!

El amor al dinero y a la ostentación han hecho de este mundo una cueva de ladrones. Las Escrituras describen la codicia y la opresión que prevalecerán precisamente antes de la segunda venida de Cristo. Santiago escribe: “Ea ya ahora, oh ricos… Os habéis allegado tesoro para en los postreros días. He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que habían segado, han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis cebado vuestros corazones como en el día de sacrificios. Habéis condenado y muerto al justo; y él no os resiste.” Santiago 5:1-6 (Profetas y reyes, pp. 480, 481).

Cristo enseñó que su iglesia es un reino espiritual. El mismo, “el Príncipe de paz”, es la cabeza de su iglesia. En su persona la humanidad, habitada por la Divinidad, estaba presente frente al mundo. El gran fin de su misión consistía en ser una ofrenda por el pecado del mundo, para que por el derramamiento de sangre se pudiera hacer expiación en favor de toda la raza humana. Con un corazón constantemente tocado por los sentimientos de nuestras debilidades, con un oído constantemente abierto al clamor de la humanidad sufriente, con una mano permanentemente lista para salvar al desanimado y al desesperado, Jesús, nuestro Salvador, “anduvo haciendo bienes”. Hechos 10:38.

Y todos los que son miembros del reino de Cristo lo representarán en carácter y en disposición (God’s Amazing Grace, p. 14; parcialmente en La Maravillosa gracia de Dios, p. 14).

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