El Sábado Un Día De Libertad

Lee para el estudio de esta semana

Éxodo 16:16-18; 20:8-11; Deuteronomio 5:12-15; Mateo 12:9-13; Levítico 25:1-7.

Para memorizar

“También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Mar. 2:27).

Dios creó el sábado como el acto final de la semana de la Creación. Se ha dicho que en el séptimo día, Dios no solo descansó, sino también creó el reposo como parte integral del mundo. Por ende, no es de extrañar que el sábado sea uno de los mandamientos en el plan de Dios para su pueblo. Este tendría un papel fundamental en la vida de los hebreos.

A menudo, cuando hablamos del sábado, la conversación se traslada rápidamente a cómo guardarlo. “¿Qué cosas no deberíamos hacer?”, y otras por el estilo. Por más importantes que sean estas preguntas, necesitamos comprender el papel integral que el sábado debía desempeñar en el mundo y en la vida del pueblo de Dios como símbolo de la gracia y la provisión de Dios.

Como dijo Jesús, el día de reposo sabático fue creado para toda la humanidad. Cuando verdaderamente nos “ac[ordemos] del día de reposo”, este nos cambiará todos los días de la semana y, como lo demostró Jesús, también puede ser un medio para bendecir a los demás.


Comentarios Elena G.W

Durante su ministerio terrenal, Cristo recalcó la vigencia de lo ordenado acerca del sábado; en toda su enseñanza manifestó reverencia hacia la institución que él mismo había dado. En su tiempo el sábado había quedado tan pervertido que su observancia reflejaba el carácter de hombres egoístas y arbitrarios más bien que el carácter de Dios. Cristo puso a un lado las falsas enseñanzas con que habían calumniado a Dios los que aseveraban conocerle. Aunque los rabinos le seguían con implacable hostilidad, no aparentaba siquiera conformarse con sus exigencias, sino que iba adelante observando el sábado según la ley de Dios.

En lenguaje inequívoco atestiguó su consideración por la ley de Jehová. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas. De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos”. Mateo 5:17-19 (Profetas y reyes, pp. 135, 136).

Los cuatro primeros mandamientos se dieron para mostrar al hombre cuáles son sus deberes hacia el Altísimo. El cuarto es el eslabón que une al gran Dios con el hombre. El sábado fue dado especialmente en beneficio del hombre y para honra del Señor. Los seis últimos preceptos señalan el deber del hombre hacia sus semejantes.

El sábado había de ser una señal entre Dios y su pueblo para siempre. De esta manera se manifestaría la señal: todos los que guardaran el sábado pondrían de manifiesto mediante esa enseñanza que eran adoradores del Dios viviente, Creador de los cielos y la tierra. El sábado sería una señal entre el Señor y su pueblo mientras hubiera gente sobre la tierra que le sirviese (La historia de la redención, p. 144).

Dios dio al hombre seis días en los cuales trabajar para sí, pero se reservó un día en el cual se le ha de honrar especialmente. Debemos glorificarlo y respetar su autoridad… Dios puso aparte el séptimo día como período de descanso para el hombre, para bien del hombre tanto como para su propia gloria. Vio que las necesidades del hombre requerían que durante un día descansase del trabajo y cuidado, que su salud y vida peligrarían sin un período de reposo del trabajo y ansiedad de los seis días.

El sábado fue hecho para beneficio del hombre; y transgredir a sabiendas el santo mandamiento que prohíbe trabajar en el séptimo día es, a la vista del cielo, un crimen considerado de tal magnitud bajo la ley mosaica, que exigía la muerte del que lo cometiera. Pero esto no era todo lo que el delincuente había de sufrir, porque Dios no llevará al cielo a un transgresor de su ley. Deberá sufrir la segunda muerte, que es la penalidad plena y final a que se hace acreedor el transgresor de la ley de Dios (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 465).

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