«Que hagas justicia»

«Brilla una luz en la oscuridad para los hombres honrados, para el que es compasivo, clemente y justo. El hombre de bien presta con generosidad y maneja con honradez sus negocios». Salmo 112: 4-5

El mazo es un símbolo de castigo y de juicio. Sin embargo, las Escrituras hablan de ser misericordiosos en nuestro trato con los demás.

Llamados a hacer algo

Introducción: Salmo 112: 4-5

Como cristiana considero que tengo la obligación moral de compartir con el mundo las buenas nuevas de salvación y que, al hacerlo, estaré siguiendo el ejemplo de Cristo. Sin embargo, para seguir plenamente su ejemplo, tengo que hacer algo más que decir la verdad: tengo que vivirla.

Hemos sido llamados a ser las manos y los pies de Cristo para quienes nos rodean.

Hemos sido llamados a ser las manos y los pies de Cristo para quienes nos rodean, buscando aligerar la carga y aliviar los pesares del prójimo en la medida de lo posible. Si pasamos por alto satisfacer las necesidades físicas, mentales y emocionales de aquellos con quienes anhelamos compartir el evangelio, jamás podremos satisfacer plenamente sus necesidades espirituales.

Es como aquel dicho: «A la gente no le importa cuánto sabes hasta que saben cuánto les importas». La tarea de ministrar a toda persona, especialmente en tiempos de extrema necesidad, puede ser entendida cuando consideramos a los demás como personas que amamos. Pero a veces, esta tarea puede resultar abrumadora, porque mires donde mires, podrás ver que alguien está sufriendo. Grupos de personas están siendo sometidos a violencia y opresión; comunidades enteras padecen hambre; niños son explotados y separados de sus familias; una pobreza extrema parece estar extendiéndose; la codicia y el egoísmo de los dirigentes en muchas esferas del gobierno victimizan a los más vulnerables en sus comunidades. ¿Cómo podremos satisfacer todas esas necesidades? ¿Será incluso factible intentarlo?

Enfrentar por nosotros mismos las pruebas y los desafíos de la raza humana, que son consecuencia del pecado, es una hazaña imposible. Pero cuando Dios nos llama a realizar determinada labor, no nos priva de los medios que necesitamos para tener éxito. Se nos proveerán las herramientas necesarias para impactar a nuestras congregaciones, nuestras comunidades, y a veces incluso al mundo.

Tenemos un mundo que ganar para Cristo, pero no estamos obligados a hacerlo solos. A través del poder y de la dirección del Espíritu Santo podemos ser compasivos, creativos y valientes en mostrar a la gente que nos importan. Hacer eso nos abre la puerta a compartir las verdades de las Escrituras que no solo mejorarán la vida de las personas, sino que también les darán la oportunidad de aceptar la eternidad con un amante y tierno Redentor.

Te animo a que observes a tu comunidad hoy. Al estudiar la lección de esta semana, pregúntate: ¿Qué puedo hacer yo, con la ayuda del Espíritu Santo, para mostrar a los demás que me importan y que quiero hacer algo por ellos? Es posible que te sorprendan las puertas que se abrirán cuando comiences a buscar oportunidades para mostrar misericordia y amor a un mundo que sufre.

14/09/2019

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