Viviendo la esperanza del advenimiento

«Por lo tanto, mis queridos hermanos, sigan firmes y constantes, trabajando siempre más y más en la obra del Señor; porque ustedes saben que no es en vano el trabajo que hacen en unión con el Señor”. 1 Corintios 15: 58

Esta imagen nos recuerda a la parábola de las diez vírgenes. Los seguidores de Jesús deben mantenerse vigilantes, esperando su regreso y manteniendo viva esa esperanza además de compartirla con los demás.

¿Una esperanza o una promesa?

Introducción: Tito 2: 12-13

Espero casarme un día, al igual que muchas de mis amigas. Es un bonito sueño, y anhelo que se cumpla. Hay cosas que puedo hacer con el fin de prepararme para este paso, pero solo hasta cierto punto. Puedo obtener una buena educación, adquirir algunas destrezas y seguir creciendo en mi caminar con el Sef1or. Sin embargo, otros pasos en dicha preparación tendrán que esperar hasta más adelante. Pero ¡y si me comprometo con alguien? Entonces todo será distinto, porque habrá una promesa de por medio. Alguien me habrá prometido que se casará conmigo. Por tanto, compraré un vestido de novia, haré los arreglos para la boda, tal vez buscaré buenas ofertas de electrodomésticos y me prepararé para mudarme a otro hogar. ¿Ves la diferencia? Antes solo tenía la esperanza de casarme, pero todo cambió en el momento en que recibí una promesa de matrimonio.

Espero casarme algún día, al igual que muchas de mis amigas.

¿Qué diremos de nosotros, los que transitamos la senda cristiana? ¿Esperamos sencillamente que Jesús regrese, o contamos con una promesa? La Biblia dice que es una promesa. Jesús mismo dijo: «Vendré otra vez» (Juan 14: 3). Esto es algo en lo que realmente podemos confiar. Pero si nuestra creencia en Cristo no gobierna cada pensamiento y cada obra, ¡estaremos mostrando que realmente lo creemos? Sus palabras son tan poderosas que es imposible abrazar por entero esa promesa sin que transforme todos los aspectos de nuestra existencia. Cambiará la forma en que vivimos. Transformará nuestra perspectiva y nuestras acciones, así como la forma en que interactuamos con los demás.

Para demasiados cristianos, e incluso para los adventistas, el cristianismo es apenas una cultura conveniente. Gobierna las cosas que hacernos, a dónde vamos, lo que escuchamos y lo que vemos solo cuando concuerda convenientemente con nuestras preferencias. Elegirnos hacer lo que nos gusta y esperamos que Dios esté de acuerdo con eso. Nos volvemos egoístas en nuestra mentalidad y tan solo nos preocupamos por convertirnos en personas exitosas. Olvidamos que hay todo un mundo por alcanzar y que no hay mucho tiempo para hacerlo. Y ese mundo no está únicamente en una selva remota. Puede estar en nuestras comunidades, escuelas, iglesias y asociaciones.

¿Vives para mostrar a los demás cómo la promesa del regreso de Jesús ha cambiado tu vida, o esperas que sean otros los que compartan la luz? Tenemos el deber de difundir esas buenas nuevas a todos, especialmente a los más humildes, para que también puedan ser salvos. Estamos llamados a vivir esta esperanza, esta promesa, ¡cada día de nuestras vidas!

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