El ministerio en la iglesia del Nuevo Testamento

«La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y no mancharse con la maldad del mundo». Santiago 1: 27

Los seguidores de Cristo de diferentes períodos reciben el mismo Espíritu Santo. Aunque la misión de la iglesia primitiva era difundir el amor de Dios, esa iglesia del Nuevo Testamento continúa viva hoy cumpliendo la comisión que se le encargó luego de que Jesús ascendiera al cielo.

Viviendo como una comunidad

Introducción: Hechos 2: 46-47

He tenido el privilegio de vivir en algunas zonas residenciales de clase alta de la ciudad de Nairobi, la capital de mi país. Me he dado cuenta de que incluso en cada una de esas comunidades hay personas necesitadas y creo que ese es el caso no solo de mi país sino también de otras partes del mundo.

En las instituciones de salud cercanas, hay personas enfermas que necesitan compasión, amor y cuidado.

Casi cada vez que visitamos alguna comunidad cerrada, encontramos a personas que mendigan al otro lado de la calle, pidiendo lo que podría ser su única comida del día. En las instituciones de salud cercanas, hay personas enfermas que necesitan compasión, amor y cuidado. Asimismo las instituciones correccionales de nuestros países albergan presos que requieren alimento espiritual, mental y físico. Esas circunstancias nos recuerdan que existe una gran necesidad de vivir en comunidad y no aislados. Necesitamos responder a las necesidades de la gente y del medio que nos rodea, para cumplir con nuestra comisión como iglesia.

La idea de atender las necesidades de quienes nos rodean no es algo nuevo en los círculos cristianos. En el Antiguo Testamento, Dios usó a los profetas para transmitir ese mismo mensaje, mostrando la urgencia de ayudar a los miembros menos afortunados de la sociedad (Isa. 1: 17). En el Nuevo Testamento, Cristo instituyó la Gran Comisión, que para los cristianos de todo el mundo continúa siendo el eje del evangelismo, del testimonio y del servicio. Incluso en el siglo XXI, los gobiernos y las instituciones reconocen la importancia de practicar la justicia social.

Al defender la idea de vivir de manera comunitaria, podemos crear una nueva sociedad en la que sus miembros alaben a Dios y sean estimados por todos (Hech. 2: 47).

Los discípulos practicaron la justicia social incluso después de que Cristo ascendió al cielo. Al cumplir con el objetivo de la Gran Comisión, ayudaron a difundir la Palabra de Dios por muchas partes del mundo, respondiendo a las necesidades de las personas que conocieron en el transcurso de su ministerio.

Para los cristianos de nuestra era, el servicio comunitario es un llamado a usar lo que tenemos para satisfacer las necesidades prácticas de los miembros menos afortunados de nuestra sociedad. Entre los beneficiados por ese servicio comunitario estarían los niños, las personas mayores, las personas con discapacidades, así como el entorno natural.

Al aprender de la obra de los apóstoles, podremos desarrollar comunidades en las que la Palabra de Dios prospere en la medida que satisfacemos las necesidades prácticas de los menos afortunados.

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