Jesús y los necesitados

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor». Lucas 4: 18-19

Jesús se acercó a todos los que necesitaban su ayuda. La misión de Jesús nos muestra una religión que se caracteriza por las buenas obras, la justicia y la misericordia hacia los demás.

Siguiendo las pisadas de Jesús

Introducción: Lucas 4: 18-19

Vivimos en un mundo donde existen enormes desigualdades. El uno por ciento de los individuos más ricos del planeta posee el cincuenta por ciento de toda la riqueza mundial.* A medida que los más pudientes del mundo se hacen aún más ricos, parece que la pobreza aumenta y que disminuye la capacidad de la gente para satisfacer sus necesidades básicas de supervivencia: agua potable, alimentos y trabajo. Nuestra familia vivió durante los últimos cinco años en Filipinas y me sorprendió ver grandes barrios marginales repletos de personas sumidas en una extrema pobreza, mientras que a solo unos minutos de distancia podíamos estar conduciendo en una autopista completamente nueva, en la que modernos Ferraris viajaban a nuestro lado. La vida no es justa.

¡Una sola persona no puede ayudarlos a todos!

Mientras servíamos como misioneros en esa parte del mundo, a veces nos sentíamos abrumados por la gran necesidad que se observaba a nuestro alrededor. Cuando ves tanta pobreza, la tentación es darte por vencido. ¡Una sola persona no puede ayudarlos a todos! Y es verdad; por mí mismo no podía combatir tanta desigualdad. Todo me hace pensar que la razón por la que nuestro mundo sufre tanta desigualdad es el egoísmo humano. Afortunadamente, nuestra esperanza está en Jesucristo, porque él no se rindió, sino que para salvarnos asumió la naturaleza humana y se hizo uno de nosotros (Fil. 2: 5-8). Él nació, creció y vivió en una pobreza extrema, como muestra la lección de esta semana. Jesús sabía lo que era pasar hambre y sufrir; no obstante, en medio de tanto dolor trabajó para aliviar el sufrimiento de los demás.

¿Cómo pudo Jesús hacer eso? ¿Cuál fue su secreto? Esta semana exploraremos diferentes formas que los jóvenes pueden considerar, relacionadas todas con el ejemplo de Jesús. El Salvador se esforzó por mostrar el verdadero carácter del Padre. Acn1ó movido por un amor desinteresado, que finalmente lo llevó a sacrificar su propia vicia. Todo ello para que podamos experimentar la reconciliación y la paz con Dios. No importa cuál sea nuestra situación económica, lo que cuenta es asegurar los tesoros de la vida eterna en el reino venidero. El reino de este mundo, con todas sus «riquezas», no se compara con las riquezas celestiales: el fruto del Espíritu, incluido el amor, la alegría y la paz, que son la verdadera moneda del cielo. Después de todo, las cosas de este mundo se volverán extrañamente oscuras, como dice un antiguo himno «a la luz de su gloria y de su gracia». No podremos llevarnos al cielo las cosas materiales que hayamos acumulado aquí.

El ejemplo de Jesús nos recuerda que son nuestros caracteres lo que cuenta en el reino de los cielos. Caracteres revelados mediante nuestras acciones cotidianas, incluyendo la forma en que tratamos a los pobres y marginados que viven a nuestro alrededor.

* Robert Frank, «Richest 1% Now Owns Half the World’s Wealth», CNBC, 14 de noviembre de 2017, https://www.cnbc.com/2017/11/14/richest-1-percent-now-own-half-the-worlds-wealth.html.

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