El sábado: Un día de libertad

« El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado» Marcos 2: 27

Este prisionero liberado ilustra cómo debemos considerar el sábado: un día en el que podemos dejar a un lado las preocupaciones de la semana.

¿Esclavos del sábado?

Introducción: Mateo 11: 28; Juan 8: 31-36

¡Alguna vez te has sentido fuera de lugar? ¡Te has sentido así en la iglesia, pensando: «No se supone que la iglesia sea un remanso de paz para quienes necesitan un Salvador,? He tenido el privilegio de viajar a muchas ciudades de los Estados Unidos y es lamentable que muchas veces me he sentido fuera de lugar en la iglesia. ¡A qué me refiero con sentirme fuera de lugar? Pues a no recibir una cálida bienvenida, no ser invitado a comer, no encontrar a nadie con ideas afines a las mías, y que ni siquiera me digan: «Esperamos que vuelvas a visitamos•. Si yo, que soy miembro de iglesia, me siento de esa manera, ¡puedes imaginar cómo se sienten tantas personas que nos visitan? Quizá esa triste realidad esté enraizada en nuestra visión del sábado y su propósito. En el libro de Marcos, leemos que •el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado, (Mar. 2: 27). Sin embargo, a veces perdemos de vista el propósito del sábado y terminamos transgrediéndolo sin damos cuenta.

¡Cuál es el propósito del sábado? Adán y Eva usaron ese tiempo para estrechar su relación con Dios así como entre ellos. En el Antiguo Testamento, vemos la belleza de confiar en Dios al guardar el sábado, como por ejemplo en la experiencia del maná en el desierto o en ocasión del año sabático. La iglesia primitiva, tal como se narra en Hechos, veía el sábado no solo como el día para adorar sino también para edificar una comunidad de creyentes que fortaleciera a las familias. En la muy fervorosa iglesia de Perú en la que crecí había reglas que no debías violar y cosas que no debías decir el día sábado. Echando una mirada atrás, aprecio lo apasionados que eran los miembros de mi iglesia respecto a la reverencia y a la observancia del sábado. Sin embargo, a menudo me pregunto si no habría una mejor manera de transmitir el mismo mensaje sin perder el «gozo» del sábado.

Una de las principales piedras de tropiezo para los israelitas era la carga de guardar el sábado. Tenían tantas reglas rabínicas sobre el sábado, que muchos se volvieron intransigentes y endurecieron sus corazones respecto a Dios. Un sábado pesado, sin alegría y sin comunión con Dios, no es el sábado que él nos legó.

¡Te sientes agobiado cada sábado? Juan 8: 32 te recuerda que la verdad te hará libre. Nuestro Salvador quiere hacernos libres. Nos dio el sábado para descansar, adorar a Dios y para librarnos de las cosas que nos agobian (universidad, trabajo, problemas, deudas, etc.). ¡Por qué nos aferramos a nuestras cargas cuando hay alguien que nos ha dicho: •Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar» (Mat. 11: 28)? ¡Es porque estamos tan concentrados en lo que se puede y no se puede hacer en sábado que no disfrutamos de ese día?

Cuando nos demos cuenta de la libertad que ofrece el sábado, y de que podemos disfrutarla cada semana, la forma en que lo observarnos cambiará drásticamente. Seremos una bendición para los demás porque habremos aprendido a recibir la bendición del sábado. ¡Te desafío a que el sábado sea para ti un día de libertad y no de esclavitud!

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