Qué Han Visto En Tu Casa

Lee para el estudio de esta semana

Isaías 38; 39; 1 Corintios 7:12-15; 1 Pedro 3:1, 2; Hebreos 6:12; 13:7; 3 Juan 11; Isaías 58:6, 7, 10, 12.

Para memorizar

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9).

Tal vez hayamos llegado a una etapa en que, gracias al Señor, nos está yendo bien en la vida, al menos por ahora: la familia está bien, el trabajo está bien; la salud y las finanzas, también. ¿O quizá no? Tal vez tu hogar, por el momento, esté sufriendo, convulsionado. Sea como fuere, cuando alguien llega de visita a tu casa, como los emisarios de Babilonia que visitaron al rey Ezequías, ¿qué respuesta recibiría a la pregunta que el profeta Isaías hizo al rey después: “¿Qué han visto en tu casa?” (Isa. 39:4)?

¿Qué ha visto la gente en tu casa? ¿Qué han visto los ángeles celestiales? ¿Qué tipo de espíritu impregna nuestros hogares? ¿Se puede “oler” el perfume de la oración? ¿Hay bondad, generosidad y amor o tensión, enojo, resentimiento, amargura y discordia? Alguien que llegue allí, ¿se irá pensando que Jesús está en esa casa?

Estas son preguntas importantes que todos debemos hacernos sobre la clase de hogar que hemos formado. Esta semana veremos algunos de los aspectos que pueden conducir a una vida familiar maravillosa, a pesar de las inevitables tensiones y dificultades que enfrentan los hogares en la actualidad.


Comentarios Elena G.W

Aquellos con quienes nos asociamos día tras día necesitan nuestra ayuda, nuestra dirección. Pueden hallarse en tal condición mental que una palabra pronunciada en sazón será como un clavo puesto en lugar seguro. Puede ser que mañana algunas de esas almas se hallen donde no se las pueda alcanzar. ¿Qué influencia ejercemos sobre esos compañeros de viaje?

¿Qué han visto tus amigos y conocidos en tu casa? En vez de revelar los tesoros de la gracia de Cristo, ¿estás desplegando aquellas cosas que perecerán con el uso? ¿O comunicas algún nuevo pensamiento sobre el carácter y la obra de Cristo a aquellos con quienes te pones en contacto?… ¡Ojalá aquellos por los cuales Dios ha hecho maravillas mostraran su alabanza y hablaran de sus obras poderosas! Pero, ¡cuán a menudo aquellos para los cuales Dios obra son como Ezequías y se olvidan del Dador de todas sus bendiciones! (Conflicto y valor, p. 241).

El tiempo de que disponemos es corto. Solo una vez podemos pasar por este mundo; saquemos, pues, al hacerlo, el mejor provecho de nuestra vida. La tarea a la cual se nos llama no requiere riquezas, posición social ni gran capacidad. Lo que sí requiere es un espíritu bondadoso y abnegado y firmeza de propósito. Una luz, por pequeña que sea, si arde siempre, puede servir para encender otras muchas. Nuestra esfera de influencia, nuestras capacidades, oportunidades y adquisiciones podrán parecer limitadas; y sin embargo tenemos posibilidades maravillosas si aprovechamos fielmente las oportunidades que nos brindan nuestros hogares. Si tan solo queremos abrir nuestros corazones y nuestras casas a los divinos principios de la vida, llegaremos a ser canales por los que fluyan corrientes de fuerza vivificante. De nuestros hogares saldrán ríos de sanidad, que llevarán vida, belleza y feracidad donde hoy por hoy todo es aridez y desolación (El hogar cristiano, p. 26).

Los cristianos deben distinguirse del mundo como los portaestandartes de Dios, que muestren en sus vldas la influencia de la gracia transformadora de Cristo. Se los ha reunido para que se sienten con Cristo en lugares celestiales, para que puedan revelar al mundo, a los ángeles y a los hombres una representación perdurable del mundo eterno…

Los seguidores de Cristo deben procurar mejorar el tono moral del mundo, bajo la influencia del impartimiento del Espíritu de Dios. No deben descender al nivel del mundo, pensando en que haciéndolo lo elevarán. Debe haber una notable distinción entre los cristianos y los mundanos en lo que se refiere a las palabras, el vestido, el espíritu y tantas otras cosas. Esta distinción ejerce una influencia convincente sobre los mundanos. Ven que los hijos y las hijas del Señor se separan del mundo y que el Señor los une a él. … ¿Quién desea ser elevado hasta el nivel superior? (A fin de conocerle, p. 307).

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