Palabras Sabias Para Las Familias

Lee para el estudio de esta semana

Proverbios 5:3-14; Mateo 19:5; 1 Corintios 7:3, 4; Proverbios 13:22; 14:26; 17:22; 23:13; 31:10-31.

Para memorizar

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Prov. 3:5, 6).

Cualquiera que sea la etapa de la vida en que nos encontremos ahora, sin duda todos comenzamos con una madre y un padre, más allá del tipo de relación que hayamos tenido con ellos después de nuestro nacimiento. Por otro lado, algunos nunca llegan a formar una familia propia.

Cualquiera que sea nuestra situación, nuestra etapa de la vida, el libro de Proverbios contiene una combinación de instrucciones, poemas, preguntas y frases sabias. Aborda directamente las relaciones familiares, y hay otras palabras sabias que se pueden aplicar al hogar. De hecho, Proverbios se proyecta como un documento familiar en el que las claves para una vida piadosa se transmiten de padres a hijos. Así como los padres quizás escriben una carta de consejo a un hijo o una hija que, para asistir a la universidad, se muda a otro lugar o consigue un trabajo fuera de casa, así también Proverbios va dirigido de padre a hijo: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Prov. 1:8). Deuteronomio ordenaba a los padres compartir sus convicciones con la generación siguiente. Esto es lo que hace Proverbios. En los llamados del padre, escuchamos la voz del Padre celestial, que nos insta a aprender.


Comentarios Elena G.W

El Salvador del mundo ofrece el don de la vida eterna a los descarriados. Con una compasión aún mayor que la de un padre terrenal que perdona a su hijo descarriado, arrepentido y sufriente, Jesús busca una respuesta a sus ofrecimientos de amor y perdón…

Salomón exhorta… Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello. Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas”… Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 205, 206).

El verdadero propósito de la educación es restaurar la imagen de Dios en el alma. En el principio, Dios creó al hombre a su propia semejanza. Le dotó de cualidades nobles. Su mente era equilibrada, y todas las facultades de su ser eran armoniosas. Pero la caída y sus resultados pervirtieron estos dones. El pecado echó a perder y casi hizo desaparecer la imagen de Dios en el hombre… Es obra de los padres y maestros, en la educación de la juventud, cooperar con el propósito divino; y al hacerlo son “coadjutores … de Dios”. 1 Corintios 3:9 (Patriarcas y profetas,_ _p. 645).

[La] instrucción práctica en la experiencia religiosa es lo que los padres cristianos deben estar preparados para impartir a sus hijos. Dios lo requiere de vosotros y menospreciáis vuestro deber si dejáis de hacer esta obra. Instruid a vuestros hijos en lo concerniente a los métodos de disciplina escogidos por Dios y las condiciones para el éxito en la vida cristiana. Enseñadles que no pueden servir a Dios mientras sus mentes están sobrecargadas con los cuidados de la vida; pero no les permitáis abrigar el pensamiento de que no tienen que trabajar y que pueden emplear sus momentos libres ociosamente. La Palabra de Dios es clara respecto a este punto. Jesús, la Majestad del cielo, ha dejado un ejemplo para la juventud. Él trabajó arduamente en el taller de Nazaret para ganarse el pan cotidiano. Se sometía a sus padres y no pretendía ejercer control sobre su propio tiempo ni hacer su propia voluntad…

Tenemos ejemplos notables del poder sustentador de los firmes propósitos religiosos… La profunda fosa de los leones no le impidió a Daniel hacer sus oraciones diarias, como tampoco pudo el horno ardiente inducir a Sadrac y sus compañeros a postrarse ante el ídolo erigido por Nabucodonosor. Los jóvenes de principios firmes se abstendrán de los placeres, desafiarán el dolor, y afrontarán aún la fosa de los leones y el ardiente horno de fuego antes que ser hallados desleales a Dios. Fijaos en el carácter de José. Su virtud fue severamente probada, pero el triunfo de la misma fue completo. Sobre cada punto el joven noble resistió la prueba. Manifestó los idénticos principios inconmovibles en cada prueba. El Señor estaba con él y su palabra era ley (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 40).

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