Los Ritmos De La Vida

Lee para el estudio de esta semana

Génesis 1; Génesis 8:22; Salmo 90:10; Job 1:13-19; Hechos 9:1-22; Filipenses 1:6; Romanos 8:1.

Para memorizar

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Ecl. 3:1).

Algunos de los poemas más hermosos que se hayan escrito provienen del rey Salomón: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz” (Ecl. 3:1-8).

Esas palabras reflejan gran parte de la existencia humana: las etapas, los ritmos de nuestra vida. Sí, nuestra vida atraviesa etapas, cambios, y es así desde el momento en que nacemos. Los cambios a veces son buenos; otras veces, no. A veces tenemos control sobre ellos; otras veces, no. Esta semana veremos las etapas y los ritmos de nuestra vida, especialmente en la medida en que nos impactan a nosotros y a nuestra familia también.


Comentarios Elena G.W

Las obras de Dios en la naturaleza tienen lecciones de sabiduría y dones de sanidad para todos. Las escenas siempre variantes de las temporadas recurrentes presentan constantemente muestras nuevas de su gloria, de su poder y de su amor (Fundamentals of Christian Education, p. 61).

Por su propio ejemplo [Jesús] enseñaba que todo momento del tiempo está cargado de resultados eternos; que ha de apreciarse como un tesoro, y emplearse con propósitos santos. No pasaba por alto a ningún ser humano como indigno, sino que procuraba aplicar a cada alma el remedio salvador. En cualquier compañía donde se encontrase, presentaba una lección apropiada al momento y las circunstancias. Procuraba inspirar esperanza a los más toscos y menos promisorios, presentándoles la seguridad de que podrían llegar a ser sin culpa e inocentes, y adquirir un carácter que los revelase como hijos de Dios. Con frecuencia se encontraba con aquellos que habían caído bajo el dominio de Satanás y no tenían fuerza para escapar de su lazo. A una persona tal, desalentada, enferma, tentada y caída, Jesús dirigía palabras de la más tierna compasión, palabras que eran necesarias y podían ser comprendidas (El Deseado de todas las gentes, p. 70).

Apenas los miembros de la familia humana han empezado a vivir, cuando comienzan a morir, y la labor incesante del mundo termina en la nada a menos que se obtenga un verdadero conocimiento respecto a la vida eterna. El hombre que aprecia el tiempo como su día de trabajo, se preparará para una mansión y una vida inmortales. Vale la pena que él haya nacido.

Se nos amonesta a redimir el tiempo. Pero el tiempo desperdiciado no puede recuperarse jamás. No podemos hacer retroceder ni un solo momento. La única manera en la cual podemos redimir nuestro tiempo es aprovechando lo más posible el que nos queda, colaborando con Dios en su gran plan de redención.

En aquel que hace esto se efectúa una transformación del carácter. Llega a ser hijo de Dios, miembro de la familia real, hijo del Rey celestial. Está capacitado para ser compañero de los ángeles (Palabras de vida del gran Maestro, p. 277).

Toda nuestra vida es preciosa y cada acción debe tenerse en cuenta. Se nos ha otorgado para que podamos cumplir una tarea que el Señor reconocerá como buena, y que durará por la eternidad si nos aferramos a ella con el espíritu correcto…

Cada día, cada hora de vida, desde la infancia hasta la juventud, desde la juventud hasta la adultez, y de allí en adelante hacia la senectud, la historia de nuestra vida se registra fielmente en los libros del cielo como la placa fotográfica del artista refleja los rasgos de la persona que está posando. Cada día, cada hora trae consigo ventajas que el agente humano debe aumentar. No podemos permitirnos perder un momento efectuando una tarea descuidada para el Señor (Alza tus ojos, p. 289).

30/03/2019

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