Cuando llega el momento de ser padres

«Los hijos que nos nacen son ricas bendiciones del Señor». Salmo 127: 3

Esta ilustración de un padre que carga a su hijo representa la necesidad de dedicar tiempo a los hijos. Una relación únicamente puede crecer sobre la base del tiempo que se le dedica. La lección de esta semana recalca los aspectos fundamentales de la paternidad.

¡Te estoy observando!

Introducción: 1 Corintios 11: 1

Soy la madre de dos hermosas niñas: Isla, de once años y Amity, de ocho. La mayor parte del tiempo soy una persona sana, racional y normal que vive y hace lo necesario pasando desapercibida. Sin embargo, de vez en cuando atravieso breves períodos en los que reconozco la increíble y sagrada responsabilidad que implica criar hijos. Me detengo y pienso en la impresionante situación en la que me encuentro. Si pienso demasiado en ello, por lo general me siento abrumada. Contemplar la enormidad de mi tarea es aleccionador y me recuerda lo trascendente que es desempeñar la función paternal con amor y objetivos en mente.

Comenzamos como niños que imitan a sus padres, luego nos convertimos en padres que son imitados por sus hijos.

Hace poco perdí los estribos con Isla porque su habitación era un caos total. Mientras la reprendía por ser tan desordenada, Dios me habló al corazón y me recordó el desastre que se observaba en mi propia habitación y en otra donde había permitido que se acumularan libros y papeles. El Señor me enseñó a no esperar más de mis hijos que de mí misma. Cuando me disculpé con Isla y conversamos sobre el asunto, me di cuenta de algo: comenzamos como niños que imitan a sus padres, luego nos convertimos en padres que son imitados por sus hijos. Finalmente, nos convertiremos en abuelos que son imitados tanto por sus hijos como por sus nietos. En cada etapa de la vida, Dios nos proporciona pequeños espejos para mostrarnos en qué cosas necesitamos crecer y cambiar para ser un mejor reflejo de su amor.

¿Cómo instruyó Jesús a sus discípulos? ¿Qué enfoque utilizó? ¿Cómo puedo poner en práctica sus métodos en mis relaciones familiares?

Jesús no condenó a los discípulos, no les gritó ni los rechazó, sino que les enseñó las verdades en forma delicada. Fue un modelo de gracia en acción y les relató historias para ayudarlos a comprender la profundidad del amor de Dios. Por encima de todo, él «vivió» con ellos. Creo que Dios me invita a tener más paciencia, a dedicar más tiempo, a relatar más historias, a brindar más instrucción y más amor a mis hijas. Ellas me están observando y están aprendiendo lo que valoro, a qué le doy importancia y qué cosas realmente atesoro en mi corazón. Oro para que mis hijas se sientan valoradas y amadas mientras intento darles una idea del increíble e inconmensurable amor que Dios tiene para ellas. Ruego a Dios que encuentren el propósito que él les asignó, mientras las instruyo para que sean todo lo que deben ser. Oro para que ellas vean a Jesús reflejado en mí.

¿Quién te está observando? La gente te está mirando aunque no tengas hijos propios. Puedes alentar, elevar y atraer a otras personas a Jesús. ¿Qué está diciendo tu vida a los demás con relación a Dios? ¿En qué forma podrías mostrarles a los demás lo paciente, amoroso y bueno que es realmente Dios?

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