Cuando estamos solos

«Luego, Dios el Ser dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él”». Génesis 2: 18

Dios creó el matrimonio para que no nos sintamos solos. Y es un símbolo del vínculo que desea tener con nosotros.

Esperanza en medio de la soledad

Introducción: Salmo 72: 12; Juan 16: 32

Imagina que un amigo te ha invitado a una reunión en su casa. Te dice que en esa reunión no habrá ningún conocido tuyo aparte de él. A pesar de eso, decides ir. Cuando llegas, ves a tu amigo relacionándose con otros invitados. Luego, tu amigo se dirige a ti y te promete estar contigo en unos cinco minutos. Cinco minutos se convierten en diez. Diez se convierten en una hora. Después de un par de horas, la reunión concluye.

Procurar una relación con otros seres humanos implica un riesgo, pero vale la pena asumirlo.

Ya seas una persona introvertida, extrovertida, o un término medio, lo más probable es que experimentes cierto nivel de soledad en ese tipo de escenario. Durante toda la tarde, probablemente te sientas a solas, intercambias algunas frases con desconocidos, o te marchas temprano por la falta de interacción con los demás, porque en una reunión, interactuar es la «atracción» principal. Puedes comenzar a preguntarte si en realidad tu amigo te aprecia, o por qué se molesten invitarte. Es probable que sientas el aguijón del rechazo y del abandono.

Este escenario muestra solo una de las muchas maneras en que una persona puede experimentar la soledad, así como las variadas emociones que la acompañan. Otros ejemplos de momentos en que podemos sentirnos solos son un divorcio, la pérdida de un ser querido, la soltería, o mudarte a un nuevo domicilio. ¡Pero hay buenas noticias! Sea cual sea el motivo por el que te esté afectando la soledad, Dios promete ayudarte a superarla. En el Salmo 72: 12, él promete que «salvará al pobre que suplica y al necesitado que no tiene quien lo ayude». La verdad es que nunca estamos solos; Cristo está siempre con nosotros (Mat. 28: 20), así como Dios el Padre estuvo siempre con su Hijo (Juan 16: 32).

Dios también valora que nos relacionemos con otros seres humanos, además de la compañía que disfrutamos con nuestro Salvador. Él nos hizo seres sociales (Gén. 2: 20). A veces, la soledad que sentimos se debe a que nos aislamos del resto del mundo. Es posible que no deseemos interactuar con los demás porque aquellos con quienes intentamos conectarnos nos han herido en el pasado. Procurar una relación con otros seres humanos implica un riesgo, pero vale la pena asumirlo. Esta semana profundizaremos en los temas relacionados con la compañía y la soledad.


Michelle D. Amos, Collegedale, Tennessee, USA

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