Las Siete Trompetas

Lee para el estudio de esta semana

Apocalipsis 8:1-13; Números 10:8-10; Ezequiel 10:2; Apocalipsis 10:1-11; Daniel 12:6, 7; Apocalipsis 11:1-13; Levítico 16.

Para memorizar

“Sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas” (Apoc. 10:7).

En la escena del quinto sello, vimos que el clamor del pueblo oprimido de Dios refleja el clamor de los fieles de todas las edades. A estos fieles se los describe como almas debajo del altar que clamaban a Dios pidiendo justicia y vindicación, diciendo: “¿Hasta cuándo, Señor?” (Apoc. 6:10). La voz celestial los instó a esperar, porque se acercaba el día en que Dios juzgaría a los que les hacían daño. Apocalipsis 6:15 al 17 indica que Jesús regresará a esta Tierra y traerá juicio sobre quienes actuaron con maldad contra sus fieles seguidores.

La escena del quinto sello representa la experiencia del pueblo afligido de Dios a lo largo de la historia, desde los días de Abel hasta el momento en que Dios finalmente juzgará y vengará “la sangre de sus siervos” (Apoc. 19:2). El pueblo afligido de Dios debe permanecer firme y creer que Dios oye las oraciones de su pueblo.

La visión de las siete trompetas muestra que, a lo largo de la historia, Dios ya ha intervenido en favor de su pueblo oprimido y ha juzgado a quienes lo perjudicaron. El propósito de las siete trompetas es asegurarle al pueblo de Dios que el cielo no es indiferente a sus sufrimientos.


Comentarios Elena G.W

Con oración fervorosa y agonizante [los pecadores] suplican a Dios que no los deje a un lado. Los reyes, los poderosos, los encumbrados, los orgullosos, el hombre miserable, todos juntos se inclinan ante la presión de una angustia, una desolación y una miseria indescriptibles; oraciones angustiosas, provenientes del corazón, brotan de sus labios: “¡Misericordia! ¡Misericordia! ¡Salvadnos de la ira de un Dios ofendido!” Una voz les responde con terrible claridad y firmeza, y majestuosamente: “Puesto que llamé y me rechazasteis; extendí mi mano y no tuvisteis consideración de mí; y por el contrario redujisteis a la nada todo mi consejo, y no quisisteis saber nada de mis reprensiones, yo me reiré de vuestra calamidad; me burlaré de vosotros cuando os asalte el temor” (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 38).

Las personas que han hecho alarde de su rebelión, cumplirán lo que se nos presenta en _Apocalipsis 6:15-17_… Los pastores que condujeron sus ovejas por senderos falsos oirán las acusaciones que se les harán entonces: “Fuisteis vosotros los que considerasteis livianamente la verdad. Fuisteis vosotros los que nos dijisteis que la ley de Dios había sido abrogada, que era un yugo de servidumbre. Fuisteis vosotros los que proclamasteis falsas doctrinas cuando estábamos convencidos de que los adventistas tenían la verdad. La sangre de nuestras almas está sobre vuestras vestiduras sacerdotales… ¿Qué haremos los que escuchamos vuestra torcida interpretación de las Escrituras…?”

Cuando Cristo venga a vengarse de los que educaron y prepararon a la gente para transgredir el sábado de Dios, derribar su monumento, y hollar con sus pies el alimento de su prado, las lamentaciones serán en vano. Los que confiaron en los falsos pastores tenían la Palabra de Dios para indagar por sí mismos, y descubrirán que Dios juzgará a todo hombre que haya tenido la verdad y se haya apartado de la luz porque exigía abnegación e implicaba llevar una cruz. Las rocas y las montañas no pueden ocultarlos de la indignación del que se sienta en el trono ni de la ira del Cordero (_Maranata, _p. 288).

De buhardillas, de chozas, de calabozos, de patíbulos, de montañas y desiertos, de cuevas de la tierra y cavernas del mar, Cristo reunirá a sus hijos a sí. En la tierra, han sido destituidos, afligidos y atormentados. Millones han descendido a la tumba cargados de infamia por haber rehusado rendirse a las engañosas pretensiones de Satanás. Los hijos de Dios han sido ajusticiados por los tribunales humanos como los más viles criminales. Pero está cerca el día cuando Dios será “el juez”. [Salmo 50:6]. Entonces las decisiones de la tierra serán invertidas. “Quitará la afrenta de su pueblo”. A cada hijo de Dios se le darán ropas blancas. “Y llamarles han Pueblo Santo, Redimidos de Jehová”. [Isaías 25:8; Apocalipsis 6:11; Isaías 62:12].

Cualesquiera sean las cruces que hayan sido llamados a llevar, cualesquiera las pérdidas que hayan soportado, cualquiera la persecución que hayan sufrido, aun hasta la pérdida de su vida temporal, los hijos de Dios serán ampliamente recompensados. “Verán su cara; y su nombre estará en sus frentes” Apocalipsis 22:4.

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