Los Que Siguen Al Cordero

Lee Apocalipsis 14:1 al 5. ¿Cuáles son las tres características principales de los 144.000 santos? ¿En qué aspectos estas características se relacionan con la descripción de los santos del tiempo del fin de Apocalipsis 14:12?

Apocalipsis 14:4 y 5 es una descripción de los 144.000 que está en consonancia con el pueblo de Dios de los últimos días, que “guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apoc. 14:12). Aunque sufrieron la ira de Satanás en su máxima expresión en la crisis final, permanecieron firmes debido a su estrecha relación con Jesús.

A la luz de Apocalipsis 17:5, ¿en qué sentido los 144.000 no se han contaminado con mujeres? La pureza de su carácter ¿qué relación tiene con el hecho de que son redimidos de la Tierra como las “primicias para Dios” (Apoc. 14:4)?

La inmoralidad sexual es un símbolo de la infidelidad a Dios. Apocalipsis 17:5 habla de las rameras del tiempo del fin, Babilonia y sus hijas, con quienes todas las naciones del mundo cometerán fornicación (ver Apoc. 18:3). Sin embargo, los 144.000 permanecerán fieles a Cristo y resistirán las relaciones corruptas con Babilonia y las iglesias apóstatas. Por eso, los 144.000 “siguen al Cordero por dondequiera que va” (14:4).

Se sigue describiendo a los 144.000 como aquellos que han sido “redimidos de entre los hombres como primicias para Dios” (14:4). En el antiguo Israel, las primicias eran los mejores frutos de la cosecha ofrecida a Dios (Núm 18:12). La palabra “primicias” puede referirse a los salvados, a diferencia de los del mundo (Sant. 1:18), pero en Apocalipsis los 144.000 evidentemente son un grupo especial porque serán transformados sin ver la muerte (1 Cor. 15:50-52). Por lo tanto, son las primicias de la cosecha más grande de salvados a través de todas las edades (ver Apoc. 14:14-16).

¿Cómo podemos estar en peligro de cometer fornicación espiritual, incluso sin saberlo? ¿Por qué nos engañamos si creemos que no corremos ese peligro?


Comentarios Elena G.W

El Señor ha apartado para sí a los que son piadosos; esta consagración a Dios y separación del mundo se ordena definitivamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Existe una muralla de separación que el Señor mismo ha establecido entre las cosas del mundo y las cosas que ha apartado del mundo para sí mismo. La vocación y el carácter del pueblo de Dios son peculiares, sus perspectivas son peculiares, y estas peculiaridades los distinguen de todos los demás pueblos. Todo el pueblo de Dios que se encuentra en el mundo constituye un solo cuerpo, desde el comienzo hasta el final del tiempo. Tienen una sola Cabeza que dirige y gobierna el cuerpo. Las mismas órdenes que se le dieron a Israel antiguo se dan también al pueblo de Dios de la actualidad, que se aparten del mundo. La gran Cabeza de la iglesia no ha cambiado. La experiencia de los cristianos de estos días es semejante a los viajes del Israel antiguo (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 256).

Dios pide la totalidad de los afectos del hombre: todo su corazón, toda su alma, toda su mente y toda su fuerza. Reclama todo lo que le pertenece al hombre, porque él ha derramado todo el tesoro del cielo, al darnos todo lo que poseía de una sola vez, sin reservar nada de lo más grande que el cielo puede hacer…

Cuando comencé a escribir acerca de este tema, seguí avanzando en ello y traté de sobrepasar el límite, pero no lo logré. Cuando lleguemos a las mansiones celestiales, Jesús mismo nos conducirá a los que estemos vestidos de ropas blancas, hechas blancas en la sangre del Cordero, hacia el Padre. “Por eso están delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos”. Apocalipsis 7:15 (Nuestra elevada vocación, p. 14).

Dios espera más de sus seguidores de lo que muchos piensan. A menos que querramos edificar nuestra esperanza de alcanzar el cielo sobre un cimiento falso, hemos de aceptar la Biblia tal como está escrita y creer que el Señor quiere decir lo que dice. Dios nos da su gracia para que podamos llevar a cabo todo lo que él requiere de nosotros. Si no alcanzamos la norma que se nos indica en su Palabra, no tendremos ninguna excusa que ofrecer en el día del Señor.

El apóstol nos amonesta: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. Romanos 12:9, 10. Es el deseo de Pablo que distingamos entre el amor acendrado y abnegado que es inspirado por el Espíritu de Cristo, y el fingimiento engañoso y carente de sentido que abunda en el mundo… Aunque el cristiano será siempre bondadoso, compasivo y perdonador, nunca sentirá que está en armonía con el pecado. Aborrecerá el mal y se aferrará a lo que es bueno, a expensas de la asociación o amistad con los infieles. El Espíritu de Dios hará que odiemos el pecado, mientras que a la vez estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio por salvar al pecador_ (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 159, 160)._

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