La Gran Multitud

Lee Apocalipsis 7:9 y 10. ¿Qué grupo de santos ve Juan en este momento? ¿Cómo se los describe y de dónde vienen? ¿Qué clamaban ante el Trono de Dios?

Juan ve “una gran multitud, la cual nadie podía contar”, que salió “de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:9, 14). Es decir, son un grupo especial de personas que, a pesar de la angustia que atravesaron, permanecieron fieles a Jesús; una fidelidad cuyo símbolo es la ropa blanca de la justicia perfecta de Jesús que visten. La palabra “angustia” se utiliza en la Biblia con mucha frecuencia para referirse a las cosas que los creyentes sufren por su fe (ver, por ejemplo, Éxo. 4:31; Sal. 9:9; Mat. 24:9; Juan 16:33; Rom. 5:3). Por ende, aunque algunos intérpretes adventistas consideran que este grupo es otra representación de los 144.000, podríamos entender que la “gran multitud” es una referencia a todos los redimidos que han sufrido por su fe a lo largo de los siglos.

Aquí también, como en la descripción de Juan de la “gran multitud, la cual nadie podía contar”, vemos, como en toda la Biblia, el gran tema de la salvación por gracia. El único derecho de los redimidos a la salvación, a la vida eterna, a los cielos nuevos y la Tierra Nueva es la justicia de Cristo, que reciben por gracia.

“Inmediatos al Trono se encuentran los que alguna vez fueron celosos en la causa de Satanás pero que, cual tizones arrancados del fuego, luego siguieron a su Salvador con profunda e intensa devoción. Vienen después los que perfeccionaron su carácter cristiano en medio de la mentira y la incredulidad, los que honraron la Ley de Dios cuando el mundo cristiano la declaró abolida, y los millones de todas las edades que fueron martirizados por su fe. Y más allá está la ‘gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas […] delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en las manos’. (Apoc. 7:9). Su lucha terminó; ganaron la victoria. Corrieron la carrera y obtuvieron el premio. La palma que llevan en la mano es un símbolo de su triunfo; la vestidura blanca, un emblema de la inmaculada justicia de Cristo que ahora es de ellos” (CS 646).

Sí, estamos vestidos con la justicia de Cristo, un don de fe. Pero ¿cómo podemos conservar esa fe, y permanecer fieles, en medio de las pruebas y las tribulaciones? O, aún más, ¿cómo conservar esa fe y esa fidelidad en tiempos de tranquilidad y prosperidad? Deut. 8:11-17.


Comentarios Elena G.W

Los que revelan el manso y humilde espíritu de Cristo, son considerados tiernamente por Dios. Nada pasa inadvertido para él. Tiene en cuenta su abnegación, su esfuerzo para exaltar a Cristo ante el mundo. Aunque esos humildes obreros puedan ser considerados con burla por el mundo, son de gran valor a la vista de Dios… El puro de corazón, en cuyos labios no ha sido hallado engaño; el pobre de espíritu, que es movido por el Espíritu de un Cristo que mora en él; el pacificador, cuya más alta ambición es cumplir la voluntad de Dios; éstos ganarán una plena admisión. Son las joyas de Dios y estarán entre aquel número de quien escribió Juan: “Oí como la voz de una gran multitud… que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” Apocalipsis 19:6. “Han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos”. Apocalipsis 7:14, 15 (That I May Know Him, p. 123; parcialmente en A fin de conocerle, p. 125).

Están por sobrecogernos tiempos que probarán las almas de los hombres; los que son débiles en la fe no resistirán la prueba de aquellos días de peligro. Las grandes verdades de la revelación deben ser estudiadas cuidadosamente, porque todos necesitaremos un conocimiento inteligente de la Palabra de Dios. El estudio de la Biblia y la comunión diaria con Jesús nos darán nociones bien definidas de responsabilidad personal y fuerza para subsistir en el día de fuego y tentación. Aquel cuya vida esté unida con Cristo por vínculos ocultos será guardado por el poder de Dios mediante [la] fe que salva (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 253).

En la fe no hay nada que la convierta en nuestro salvador. La fe no puede quitar nuestra culpa. Cristo es el poder de Dios para salvación de todos los que creen. La justificación se recibe mediante los méritos de Jesucristo; él ha pagado el precio de la redención del pecado; sin embargo, solo mediante la fe en su sangre es como Jesús puede justificar al creyente.

El pecador no puede depender de sus propias buenas obras como un medio de justificación. Debe llegar hasta el punto donde renuncia a todos sus pecados y acepta un grado tras otro de luz a medida que brillen sobre su sendero. Por la fe sencillamente echa mano de la provisión amplia y gratuita hecha por la sangre de Cristo. Cree en las promesas de Dios, las cuales mediante Cristo son hechas para él santificación, justificación y redención. Y si sigue a Jesús caminará humildemente en la luz, regocijándose en ésta y difundiéndola. Ya justificado por la fe, marcha gozoso en su obediencia durante toda su vida. Paz con Dios es el resultado de lo que Cristo es para él (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1071).

02/02/2019

El Pueblo De Dios Es Sellado

03/02/2019

Contención De Los Vientos

04/02/2019

El Pueblo De Dios Es Sellado.

05/02/2019

La Gran Multitud

06/02/2019

Los Que Siguen Al Cordero

07/02/2019

Redimidos Para Dios Y Para El Cordero

08/02/2019

Para Estudiar Y Meditar