El Pueblo De Dios Es Sellado

Lee para el estudio de esta semana

Apocalipsis 7; 2 Pedro 3:9-14; Deuteronomio 8:11-17; Apocalipsis 14:4, 5, 12; 17:5; Romanos 3:19-23.

Para memorizar

“Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:14).

El mensaje de la apertura de los siete sellos muestra que toda persona que dice creer en Cristo se enfrenta a las bendiciones de la fidelidad o a maldiciones por infidelidad. Los primeros cuatro sellos describen los medios disciplinarios de Dios para despertar a su pueblo de su letargo espiritual y darle la victoria. Sin embargo, el pueblo de Dios también sufre injusticias y opresión en un mundo hostil al evangelio. En la apertura del sexto sello, Dios está preparado para ocuparse de quienes dañaron a su pueblo.

El capítulo 7 es un interludio que se inserta parentéticamente entre el sexto y el séptimo sellos. El sexto sello nos lleva a la segunda venida de Cristo. Cuando los impíos enfrentan el Juicio, Apocalipsis 7 responde la pregunta acerca de quiénes estarán de pie en el día de la venida de Cristo: los que han sido sellados, los 144.000.

Sus otras características se dan en Apocalipsis 14:1 al 5. El interludio inserto entre la sexta y la séptima trompetas (Apoc. 10:1-11:14), que comienza con el Segundo Gran Despertar y el nacimiento del Movimiento Adventista, coincide con el mismo período de las primeras escenas del capítulo 7, y se centra en la experiencia y la tarea del pueblo de Dios en el tiempo del fin.


Comentarios Elena G.W

Todos deben luchar virilmente las batallas del Señor para que su nombre aparezca en el libro de la vida del Cordero. Laborarán ardientemente para discernir y rechazar las tentaciones y todo mal. Sentirán que el ojo de Jehová está sobre ellos y que se exige estricta fidelidad. Como fieles centinelas mantendrán barricadas en el sendero para que Satanás no pase trajeado como un ángel de luz a fin de hacer su obra de muerte en medio de ellos…

Los seres vestidos de blanco que rodeen el trono de Dios no serán los que aman los placeres más que a Dios, y que prefieren ir a favor de la corriente antes que hacer frente al oleaje de la oposición. Todos los que permanezcan puros y no se contaminen con el espíritu y las tendencias prevalecientes en esta época, tendrán que afrontar rudos conflictos. Pasarán tremendas tribulaciones; lavarán las vestiduras de su carácter y las emblanquecerán en la sangre del Cordero. Estos cantarán el canto de triunfo en el reino de la gloria (Mi vida hoy, p. 331).

Deberíamos vivir para el mundo venidero. Es tan desagradable vivir una vida al azar y sin un blanco definido. Queremos tener un objeto en la vida —vivir para un propósito. Dios nos ayude a todos a ser abnegados, menos preocupados de nosotros mismos, más olvidadizos del yo y de los intereses egoístas; y para hacer el bien, no por el honor que esperamos recibir aquí, sino porque ése es el objeto de nuestra vida y dará una respuesta al fin de nuestra existencia. Que nuestra oración diaria se eleve hacia Dios para que nos prive de nuestro egoísmo…

Estad ansiosos y deseosos de crecer en la gracia, buscando una comprensión más clara e inteligente de la voluntad de Dios respecto de vosotros, esforzándoos fervientemente para alcanzar la meta del premio que está delante de vosotros. Únicamente la perfección cristiana obtendrá el ropaje inmaculado del carácter que os capacitará para permanecer ante el trono de Dios entre la hueste lavada por la sangre, llevando la palma de la victoria duradera y el triunfo eterno (Nuestra elevada vocación, p. 244).

En comparación con los millones del mundo, los hijos de Dios serán, como siempre lo fueron, un rebaño pequeño; pero si permanecen de parte de la verdad como está revelada en su Palabra, Dios será su refugio. Están bajo el amplio escudo de la Omnipotencia. Dios constituye siempre una mayoría…

Los verdaderos discípulos de Cristo le siguen a través de duros conflictos, siendo abnegados y experimentando amargos desengaños; pero eso les muestra la culpabilidad y la miseria del pecado y son inducidos a mirarlo con aborrecimiento. Participantes en los sufrimientos de Cristo, son destinados a ser participantes de su gloria (Los hechos de los apóstoles, p. 471).

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