El Pueblo De Dios Es Sellado.

Lee Apocalipsis 7:4 al 8. ¿Cuál es el número de personas selladas por Dios? ¿Cuál es el significado de ese número específico?

El anuncio del número de los que fueron sellados marca la culminación del sellamiento. Juan oye que su número es 144.000 de las doce tribus de Israel. Esta no es una referencia a un número literal, sino a lo que este implica. El número 144.000 es el resultado de multiplicar 12 por 12 por 1.000. El doce es un símbolo del pueblo de Dios: las tribus de Israel y la iglesia edificada sobre el fundamento de los doce apóstoles (Efe. 2:20). Por lo tanto, el número 144.000 representa la totalidad del pueblo de Dios en el tiempo del fin. “Todo Israel” (judíos y gentiles) que estén listos para el regreso de Cristo será transformados sin ver la muerte (Rom. 11:26; 1 Cor. 15:51-53).

Las doce tribus enumeradas en Apocalipsis 7 obviamente no son literales, porque las doce tribus de Israel, que abarcan los reinos del Norte y del Sur, no existen en la actualidad. Las diez tribus del Reino del Norte fueron llevadas cautivas durante la conquista asiria (2 Rey. 17:6-23), donde se integraron con otras naciones. Por ende, las doce tribus no constituyen el judaísmo en la actualidad.

Además, la lista de las doce tribus de Apocalipsis 7 no se parece a ninguna otra lista de la Biblia (cf. Núm. 1:5-15; Eze. 48:1-29). Judá aparece como la primera tribu (Apoc. 7:5) en vez de Rubén (cf. Núm. 1:5). Además, las tribus de Dan y Efraín, incluidas en las listas de Números 1 y Ezequiel 48, se omiten de la lista de Apocalipsis 7 y, en su lugar, se incluyen a José y Leví (Apoc. 7:7, 8). La razón obvia para la exclusión de Efraín, y aparentemente Dan, de la lista de Apocalipsis 7, es que estas dos tribus fueron apóstatas e idólatras (1 Rey. 12:29, 30; Ose. 4:17).

La lista de las tribus de Apocalipsis 7 no es histórica, sino espiritual. La ausencia de Dan y Efraín de la lista sugiere que la infidelidad de estas dos tribus no tendrá cabida entre el pueblo sellado de Dios. Además, a la iglesia del Nuevo Testamento se la conoce como las doce tribus de Israel (Sant. 1:1). Las doce tribus de Apocalipsis 7 representan a todo el pueblo de Dios que resista hasta el fin, judíos y gentiles.

¿Qué garantía bíblica ofrece Dios a quienes pasen por el tiempo de angustia?


Comentarios Elena G.W

Cristo dice que habrá en la iglesia quienes presentarán fábulas y suposiciones, cuando Dios ha dado sublimes, elevadoras y ennoblecedoras verdades que siempre debieran ser preservadas en la cámara del tesoro de la mente. Cuando los hombres toman esta teoría y aquella otra, cuando están curiosos por saber algo que no es necesario que sepan, Dios no los está guiando. No es su plan que los suyos presenten algo que tengan que suponer, que no está enseñado en la Palabra. No es su voluntad que entren en controversias por cuestiones que no los ayudarán espiritualmente, tales como: ¿Quiénes han de componer los 144.000? Fuera de duda, esto lo sabrán dentro de poco los que sean elegidos de Dios (Mensajes selectos, t. 1, p. 205).

Uno de los rasgos notables en la presentación de los 144.000 es que “en sus bocas no fue hallada mentira”. Apocalipsis 14:5. El Señor ha dicho: “Bienaventurado el hombre… en cuyo espíritu no hay engaño”. Salmos 32:2. Ellos profesan ser hijos de Dios, y son presentados como siguiendo al Cordero por dondequiera que va. Aparecen delante de nosotros como estando en pie sobre el monte Sión, ceñidos para el servicio santo, vestidos de un blanco manto de lino, que es la justicia de los santos. Pero todos los que sigan al Cordero en el cielo lo habrán seguido antes en la tierra, con una obediencia confiada, amante y dispuesta; lo siguieron no en forma displicente y caprichosa, sino con toda confianza, lealmente, como el rebaño sigue al pastor (Mensajes selectos, t. 3, p. 485).

Delante del trono, sobre el mar de cristal —ese mar de vidrio que parece revuelto con fuego por lo mucho que resplandece con la gloria de Dios— se halla reunida la compañía de los que salieron victoriosos “de la bestia, y de su imagen, y de su señal, y del número de su nombre”. Con el Cordero en el monte de Sión, “teniendo las arpas de Dios”, están en pie los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los hombres; se oye una voz, como el estruendo de muchas aguas y como el estruendo de un gran trueno, “una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas”. Cantan “un cántico nuevo” delante del trono, un cántico que nadie podía aprender sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil. Es el cántico de Moisés y del Cordero, un canto de liberación. Ninguno sino los ciento cuarenta y cuatro mil pueden aprender aquel cántico, pues es el cántico de su experiencia, una experiencia que ninguna otra compañía ha conocido jamás. Son “estos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere”. Habiendo sido trasladados de la tierra, de entre los vivos, son contados por “primicias para Dios y para el Cordero”. Apocalipsis 15:2, 3; 14:1-5 (El conflicto de los siglos, p. 630).

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