Contención De Los Vientos

Lee Apocalipsis 7:1 al 3; y 2 Pedro 3:9 al 14. ¿Qué ve Juan? ¿Cuánto tiempo se supone que los ángeles frenarán los vientos? ¿Qué pasará cuando el sellamiento haya concluido?

En el Antiguo Testamento, los vientos representan las fuerzas destructoras con las que Dios ejecuta juicios sobre los impíos (Jer. 23:19, 20; Dan. 7:2). “Cuando los ángeles de Dios dejen ya de contener los feroces vientos de las pasiones humanas, todos los elementos de contención se soltarán” (CS 600). Estas fuerzas destructoras son refrenadas por intervención divina, mientras tenga lugar el sellamiento del pueblo de Dios.

En la antigüedad, el significado principal del sellamiento era la propiedad. El significado del sellamiento simbólico en el Nuevo Testamento es que “conoce el Señor a los que son suyos” (2 Tim. 2:19). Dios reconoce a su pueblo y lo sella con el Espíritu Santo (Efe. 1:13, 14; 4:30). En el tiempo del fin, el sello en la frente lo recibe el fiel pueblo de Dios, que guarda sus mandamientos (Apoc. 14:1, 12). No es una marca visible que se coloca en la frente, sino, como dice Elena de White, significa “un afianzamiento en la verdad, tanto intelectual como espiritualmente, de modo que los sellados [el pueblo de Dios] son inconmovibles” (EUD 223). En contraste, quienes finalmente apoyen a la bestia reciben la marca de la bestia (Apoc. 13:16, 17).

La fidelidad del pueblo sellado de Dios ha sido probada en cada generación. Sin embargo, la prueba de la fidelidad en la crisis final será la observancia de los mandamientos de Dios (ver Apoc. 12:17; 14:12). Específicamente, el cuarto Mandamiento llegará a ser la prueba de la obediencia a Dios (Apoc. 14:7). Así como el sábado ha sido la señal del pueblo de Dios en los tiempos bíblicos (Eze. 20:12, 20; Heb. 4:9, 10), así también será la señal de lealtad a Dios en la crisis final.

En el tiempo del fin, el sello funciona también como una señal de protección de las fuerzas destructoras de las siete últimas plagas (ver Eze. 9:1-11, para el contexto del simbolismo de Apoc. 7:1-3). Por lo tanto, la pregunta planteada en Apocalipsis 6:17 recibe la respuesta definitiva: los que son protegidos en el día de la ira de Dios son el pueblo sellado de Dios.

Pablo nos advierte que no entristezcamos al Espíritu Santo, que nos selló (Efe. 4:30). ¿Qué significa eso? ¿Cómo agraviamos al Espíritu Santo? Una vez que tengas la respuesta, ¿qué decisiones puedes tomar que te ayuden a no entristecerlo?


Comentarios Elena G.W

Juan ve los elementos de la naturaleza —terremotos, tempestades y lucha política— bajo el símbolo de cuatro ángeles que los retienen. Estos vientos están bajo control hasta que Dios ordena soltarlos. Ahí está la seguridad de la iglesia de Dios. Los ángeles de Dios obedecen su mandato al retener los vientos de la tierra para que no soplen sobre ésta, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes… [Él] tiene en su mano el sello del Dios vivo, el único que puede dar vida, que puede poner la señal o inscripción sobre las frentes de aquellos a quienes se les concederá la inmortalidad, la vida eterna. Es la voz de este ángel encumbrado la que tiene autoridad para ordenar a los cuatro ángeles que mantengan en jaque los cuatro vientos hasta que esa obra sea realizada, y hasta que él ordene que sean soltados (Testimonios para los ministros, p. 444).

Las naciones se están airando ahora, pero cuando nuestro Sumo Sacerdote termine su obra en el Santuario, se levantará, se pondrá las vestiduras de venganza, y entonces se derramarán las siete postreras plagas.

Vi que los cuatro ángeles iban a retener los vientos mientras no estuviese hecha la obra de Jesús en el Santuario, y que entonces caerían las siete postreras plagas. Estas enfurecieron a los malvados contra los justos, pues los primeros pensaron que habíamos atraído los juicios de Dios sobre ellos, y que si podían raernos de la tierra las plagas se detendrían (_Primeros escritos, _p. 36).

El Señor no cerró el depósito del cielo después de derramar su Espíritu sobre los primeros discípulos. Nosotros también podemos recibir de la plenitud de su bendición. El cielo está lleno con los tesoros de la gracia divina, y los que se acercan a Dios con fe pueden pedir todo lo que él ha prometido (Comentarios de Elena G. de White en _Comentario bíblico adventista del séptimo día, _t. 6, p. 1055).

Quisiera que todos mis hermanos y hermanas recordasen que es un asunto muy serio contristar al Espíritu Santo, y él es contristado cuando el instrumento humano procura trabajar por sí mismo y rehúsa ponerse al servicio del Señor, porque la cruz es demasiado pesada o la abnegación que debe manifestar es demasiado grande. El Espíritu Santo procura morar en cada alma. Si se le da la bienvenida como un huésped de honor, quienes lo reciban serán hechos completos en Cristo. La buena obra comenzada se terminará; los pensamientos santificados, los afectos celestiales y las acciones como las de Cristo, ocuparán el lugar de los sentimientos impuros, los pensamientos perversos y los actos rebeldes…

Necesitamos proteger adecuadamente nuestros corazones, porque con demasiada frecuencia olvidamos las instrucciones celestiales que hemos recibido y procuramos seguir las inclinaciones naturales de nuestras mentes no consagradas. Cada uno debe pelear su propia batalla contra el yo. Aceptad las enseñanzas del Espíritu Santo. Si lo hacéis, esas enseñanzas serán repetidas vez tras vez hasta que las impresiones sean tan claras como si hubieran sido “grabadas en la roca para siempre” (Consejos sobre la salud, p. 563).

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