Los siete sellos

“…Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:9, 10, RVR)

“La redención muy cerca ya está”

Introducción: Deuteronomio 32:42; Mateo 24:3-14; Hebreos 12:1, 2

Nunca he corrido una maratón, y solo pensar en eso es abrumador. Si yo intentara participar de una maratón, estoy prácticamente segura que no podría terminar los 42 kilómetros. Casi puedo oír mis piernas y músculos gritando: “¡No entrenamos para esto!” o “¿Cuánto falta?” Pero tengo confianza de que, con entrenamiento y preparación, correr una maratón es un objetivo que algún día podría lo-grar. Los corredores entusiastas saben muy bien el entrenamiento y la dedicación que se necesitan a fin de prepararse para una maratón. Y así como los corredores necesitan prepararse física y mentalmente para las maratones, los cristianos necesitan entrenarse y prepararse diariamente para completar la carrera espiritual.

Los corredores pueden tener que lidiar con deshidratación, dolor, cansancio y cambios en la temperatura corporal, en especial cerca del final de la carrera. Del mismo modo nos-otros, en nuestra carrera espiritual, también enfrentamos períodos de dolor y cansancio; sin embargo, podemos animarnos con que la carrera está por terminar. Ha habido “guerras y rumores de guerras”, se han levantado “nación contra nación, y reino contra reino”, y hay “hambres y terremotos por todas partes (Mateo 24:6, 7). Jesús también nos dice que nos odiarán y, posiblemente, nos matarán por su causa de su nombre (Mateo 24:9, 10). Estas señales nos dan esperanza de que Jesús volverá pronto. Como una maratón, nuestra carrera espiritual, especialmente cerca del final, puede ser atemorizadora, difícil y dolorosa. Pero Jesús nos dice: “Alégrense, naciones, con el pueblo de Dios; él vengará la sangre de sus siervos. ¡Sí! Dios se vengará de sus enemigos, y hará expiación por su tierra y por su pueblo” (Deuteronomio 32:43).

Al llegar a su fin la historia del mundo, aferrémonos con firmeza a las promesas de Jesús, nuestro Conquistador, Redentor y Amigo. Mientras esperamos, “corramos con per-severancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe” (Hebreos 12:1, 2). Como dice aquel himno: Todo proclama con poder, y las señales anuncian ya el fin. Atención: la vista levantad, la redención muy cerca ya está”.

Michelle Gordon, Glenside, Pensilvania. EE. UU.

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