La Clave De La Unidad

Lee para el estudio de esta semana

Efesios 1:3-14; Gálatas 4:7; Efesios 2:11-22; 4:1-6, 11; Mateo 20:25-28; Efesios 5:15-6:9.

Para memorizar

“Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efe. 1:9, 10).

Éfeso era un importante centro comercial y de gran influencia en Asia Menor. La iglesia de Éfeso estaba formada por judíos, gentiles y gente de todos los ámbitos sociales. Una feligresía tan diversa podría haber sido tan propensa a conflictos como el mundo en el que vivían; es decir, si no fuera por Cristo y la unidad que tenían en él como miembros del cuerpo de Cristo. Por lo tanto, la preocupación de Pablo por la unidad entre los seguidores de Cristo es el tema central de su Epístola a los Efesios.

El concepto paulino de unidad tiene dos dimensiones: la unidad de la iglesia, donde judíos y gentiles se reúnen en un solo cuerpo, Cristo; y la unidad en el universo, en el que todas las cosas en el cielo y en la Tierra encuentran su unidad suprema en Cristo.

La fuente de esta unidad es Cristo. La expresión de Pablo “en Cristo” o “con Cristo” se usa muchas veces en esta epístola para mostrar lo que Dios ha efectuado por nosotros y por el universo mediante la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. El propósito principal de Dios en el plan de salvación es reunificar todas las cosas por medio de Cristo. Esta unidad recién se manifestará plenamente al final de los siglos.


Comentarios Elena G.W

[Cristo] ora pidiendo que sus discípulos sean una cosa, tal como él y su Padre lo son, y esta unión de los creyentes será un testimonio ante el mundo de que él nos ha enviado, y de que damos evidencias de su gracia.

Debemos llegar a una sagrada proximidad junto al Redentor del mundo. Debemos ser uno con Cristo como él es uno con el Padre. ¡Qué extraordinaria transformación experimentaría el pueblo de Dios si llegara a formar esta unidad con el Hijo de Dios! Debemos dominar nuestros gustos y tendencias, ambiciones y pasiones, y ponerlas en armonía con el ánimo y espíritu de Cristo. Esta es precisamente la obra que el Señor quiere hacer por todos los que creen en él. Nuestra vida y comportamiento deben tener poder para reformar el mundo. El Espíritu de Cristo debe tener una influencia dominante en la vida de sus seguidores, de modo que éstos puedan hablar y obrar como Jesucristo dice: “La gloria que me diste les he dado” (Mi vida hoy, p. 260).

Hay quienes no responden rápidamente a la invitación a abandonar sus propios caminos para seguir los de Dios. Prefieren seguir su camino. Los que quieran hacerlo tienen el privilegio de seguir caminando por sus propios caminos no consagrados, pero sepan que el fin de esa senda es dolor y destrucción.

El Señor tiene hombres a quienes ha asignado para trabajar en su obra con la condición de que se dejen usar de acuerdo con los planes divinos. Nunca usará a alguien que trate de humillar a los demás. Humíllense, hermanos. Si lo hacen, es posible que los santos ángeles se comuniquen con ustedes, y los coloquen en terreno ventajoso. Entonces su experiencia, en lugar de ser defectuosa, rebosará de felicidad. Traten de estar en armonía con la dirección de Dios, y entonces serán sensibles a las impresiones del Espíritu Santo (Cada día con Dios, p. 33).

El pecado del antiguo Israel fue el olvido de la voluntad revelada de Dios y el seguir su propio camino conforme a los dictados de sus profanos corazones. El Israel moderno sigue con entusiasmo sus pisadas, y el desagrado del Señor seguramente descansa sobre él.

Nunca resulta difícil hacer lo que nos agrada; pero tomar un curso contrario a nuestras inclinaciones es tomar una cruz. Cristo pidió en oración que sus discípulos fueran uno, así como él lo era con el Padre. Esta unidad constituye las credenciales de Cristo ante el mundo para mostrar que Dios lo envió. Cuando al tratar cualquier asunto renunciamos a la voluntad personal, hay unión de los creyentes con Cristo. Todos debieran orar y trabajar con ahínco para que esto sea una realidad y que hasta donde sea posible quede contestada la oración de Cristo por la unidad de su iglesia (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 88).

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