Para Que Sean Uno

Lee para el estudio de esta semana

Juan 17:1-26; 1 Juan 5:19; Juan 13:18-30; Juan 5:20-23; Marcos 9:38-41; Apocalipsis 18:4; 1 Juan 2:3-6.

Para memorizar

“Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20, 21).

El Evangelio de Juan brinda una ventana a las preocupaciones de Jesús mientras su traición y su muerte se cernían. En cinco capítulos cruciales (Juan 13-17) recibimos las últimas instrucciones de Jesús, que culminan con lo que algunos han denominado su “oración sumosacerdotal” (Juan 17).

“Es una designación apropiada, ya que nuestro Señor, en esta oración, se consagra para el sacrificio en el que simultáneamente es sacerdote y víctima. Al mismo tiempo, es una oración de consagración en nombre de aquellos por quienes se ofrece el sacrificio: los discípulos que estaban presentes en el aposento alto y los que posteriormente aceptarían la fe a través del testimonio de ellos” (F. F. Bruce, The Gospel of John, p. 328).

En el núcleo de esta oración está la preocupación de Jesús por la unidad entre sus discípulos y por los que más adelante creerían en él: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos” (Juan 17:9, 10).

Ningún debate significativo sobre la unidad de la iglesia puede ser cabal sin prestar cuidadosa atención a esta oración. ¿Por qué y por quién oraba Jesús? ¿Qué significa su oración para nosotros hoy?


Comentarios Elena G.W

Cuando Jesús estaba por dejar a sus discípulos, oró por ellos en una manera sumamente conmovedora y solemne para que todos pudieran ser uno “como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Juan 17:21-23. El apóstol Pablo en su primera epístola a los Corintios los exhorta a la unidad: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”. 1 Corintios 1:10 (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 490).

Para que sean uno, así como nosotros somos uno. Juan 17:22.

En estas palabras tenemos una declaración convincente que comprueba el hecho de que la unidad, la benevolencia y el amor existirán entre los que sean cristianos verdaderos. El Redentor del mundo es exaltado, glorificado en el carácter de todos aquellos que creen… Cuán tremendas las consecuencias para el mundo que penden de los que se dicen cristianos, que dicen creer que la Biblia es la Palabra de Dios…

Os ruego en el nombre de Jesús de Nazaret que desterréis todo lo que se asemeje al orgullo espiritual y el amor a la supremacía. Convertíos en niñitos, ya que cuando termine la lucha, llegaréis a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Leed Juan 17 una y otra vez. Esa oración que nuestro Salvador elevó a su Padre en favor de sus discípulos es digna de repetirse a menudo, y de ser practicada en la vida diaria. Alzará al hombre caído, porque el Señor ha prometido que si conservamos esta unidad, Dios nos amará como amó a su Hijo; el pecador se salvará, y Dios será glorificado eternamente (Sons and Daughters of God, p. 295; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 297).

Quien expresó esta oración está intercediendo hoy delante del Padre en favor de los seres humanos a quienes redimió. Los presenta delante de Jehová diciendo: “Los tengo esculpidos en las palmas de mis manos” compare con. Isaías 49:16.

Santificación es llegar a la unidad con Cristo mediante la obediencia a la verdad; éste es el propósito de Dios para nosotros. Por la santificación y la unidad los cristianos deben dar evidencia al mundo de que, mediante Cristo, se hizo una obra perfecta en favor de ellos. De esta manera deben dar testimonio de que Dios envió a su Hijo para salvar a los pecadores.

¿Permitirán Uds. que Cristo realice esta obra de santificación en sus corazones? Hoy pueden ser perfectos en El. Tienen la seguridad de que por medio de la santificación de la verdad pueden ser perfeccionados en la unidad (Alza tus ojos p. 29).

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