Jesús Ora Por Sus Discípulos

Lee Juan 17:9 al 19. ¿Por qué motivos ora específicamente Jesús en relación con sus discípulos?

A continuación, Jesús ora por sus discípulos, quienes corren el grave peligro de perder su fe en los días venideros, cuando él ya no esté con ellos en carne y hueso. Por lo tanto, los consagra al cuidado de su Padre.

Jesús pide que Dios los proteja en el mundo. En este sentido, Jesús no ora por el mundo, porque sabe que es intrínsecamente opuesto a la voluntad del Padre (1 Juan 5:19). Pero, debido a que el mundo es el lugar donde servirán los discípulos, Jesús ora para que puedan ser preservados del mal en el mundo. Jesús está preocupado por el mundo; de hecho, él es su Salvador. Pero la difusión del evangelio está ligada al testimonio de aquellos que irán a predicar las buenas nuevas. Por eso, Jesús necesita interceder por ellos para que el maligno no los derrote (Mat. 6:13).

No obstante, un discípulo ha sido derrotado. Previamente esa noche, Jesús había mencionado que uno de ellos había decidido traicionarlo (Juan 13:18-30). Aunque Jesús se refiere al hecho de que las Escrituras habían predicho la traición de Judas (Sal. 41:9), este no era víctima del destino. Durante la Santa Cena, Jesús lo interpeló con un gesto de amor y amistad (Juan 13:26-30). “En ocasión de la cena de Pascua, Jesús demostró su divinidad revelando el propósito del traidor. Incluyó tiernamente a Judas en el servicio hecho a los discípulos. Pero no fue oída su última súplica de amor” (DTG 667).

Al saber que la envidia y los celos podían dividir a los discípulos, como había sucedido en ocasiones anteriores, Jesús ora por su unidad. “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Juan 17:11). Esa unidad está más allá de cualquier logro humano. Solo puede ser el resultado y el regalo de la gracia divina. La unidad de ellos se fundamenta en la unidad del Padre y del Hijo, y esta unidad es un prerrequisito indispensable para un servicio eficaz en el futuro.

La santificación o consagración de los discípulos en la verdad también es indispensable para el servicio. La obra de la gracia de Dios en el corazón de los discípulos los transformará. Pero, si han de dar testimonio de la verdad de Dios, ellos mismos deben ser transformados por esa verdad.

¿Qué significa no “esta[r] en el mundo”? ¿Qué hay en nosotros, en nuestra vida y en nuestra forma de vivir que hace que no seamos de este mundo?


Comentarios Elena G.W

Jesús no vivió para agradarse a sí mismo. Se entregó como un sacrificio vivo y consumidor en favor de los demás. Vino a elevar, a ennoblecer, a hacer felices a todas las personas con las que se relacionaba. Los que reciben a Cristo abandonarán todo rasgo descortés y áspero, y manifestarán la amabilidad y la bondad que hay en Jesús, porque Cristo mora en el corazón por la fe. Cristo era la Luz que brillaba en la oscuridad, y sus seguidores también deben ser la luz del mundo. Deben encender su lámpara en el altar divino. El carácter que es santificado por la verdad adquiere un lustre perfecto.

Cristo es nuestro modelo, pero a menos que lo contemplemos, que nos espaciemos en su carácter, no lo reflejaremos en nuestra vida práctica. Fue manso y humilde de corazón. Nunca cometió una acción ruda, nunca pronunció una palabra descortés. El Señor no se complace con nuestra conducta ruda y carente de simpatía manifestada hacia los demás. Debemos sacar de nuestro carácter todo egoísmo, y debemos llevar el yugo de Cristo. Entonces… Estaremos listos para vivir en compañía de los ángeles. Debemos estar en el mundo, pero no debemos ser del mundo (A fin de conocerle, p. 305).

La iglesia de Cristo debe estar en el mundo, pero no ser del mundo. Cuando Dios llama a su pueblo a juntarse en capacidad de iglesia, su designio es que formen una sola familia cristiana y que diariamente sean hechos más aptos para su lugar en la familia del cielo.

De esta manera Dios forma a los creyentes en su Palabra en un solo cuerpo, a fin de que su influencia sea una bendición unos a otros y para el mundo. Cada miembro convertido revela una transformación del carácter, y es fortalecido y sustentado por el valor y la fe del conjunto…

La iglesia es el objeto del más tierno amor y cuidado de Dios. Si los miembros se lo permiten, revelará su carácter por medio de ellos… Los que caminan y conversan con Dios practican la mansedumbre de Cristo. En sus vidas, la paciencia, la mansedumbre y el dominio propio están unidos al santo fervor y a la diligencia. A medida que avanzan hacia el cielo, se borran los rasgos duros de su carácter y se deja ver la santidad (In Heavenly Places, p. 283; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 285).

Solamente en la medida en que estuvieran unidos con Cristo, podían esperar los discípulos que los acompañara el poder del Espíritu Santo y la cooperación de los ángeles del cielo. Con la ayuda de estos agentes divinos, podrían presentar ante el mundo un frente unido, y obtener la victoria en la lucha que estaban obligados a sostener incesantemente contra las potestades de las tinieblas. Mientras continuaran trabajando unidos, los mensajeros celestiales irían delante de ellos abriendo el camino; los corazones serían preparados para la recepción de la verdad y muchos serían ganados para Cristo. Mientras permanecieran unidos, la iglesia avanzaría “hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden”. Cantares 6:10 (Los hechos de los apóstoles, p. 74).

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