Causas De La Desunión

Lee para el estudio de esta semana

Deuteronomio 28:1-14; Jeremías 3:14-18; Jueces 17:6; 1 Reyes 12:1-16; 1 Corintios 1:10-17; Hechos 20:25-31.

Para memorizar

“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Prov. 9:10).

Los profetas del Antiguo Testamento exhortaron al pueblo de Israel a obedecer las instrucciones de Dios. La desobediencia y la desidia conducirían a la apostasía y la desunión. La obediencia a las leyes de Dios fue concebida como un medio para salvar al pueblo de las consecuencias naturales del pecado y santificarlo en medio de las naciones extranjeras. El hacer la voluntad de Dios crearía armonía entre el pueblo y fortalecería la voluntad de su comunidad para resistir las incursiones de la adoración pagana y malvada que los rodeaba. La intención de Dios era que su pueblo fuese santo y que diera testimonio a las naciones que los rodeaban.

El Señor, después de liberar a los hebreos de Egipto, les dijo: “Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta” (Deut. 4:5, 6).

No cabe duda: si Israel hubiese permanecido fiel, habría sido bendecido inmensamente y habría sido una bendición para los demás. No obstante, la infidelidad llevó a una serie de problemas; la desunión es solo uno de tantos.


Comentarios Elena G.W

Es una gran cosa ser sabios para con Dios. El temor de Jehová es el principio de la sabiduría. Esto es educación del corazón y es más importante que la educación que se obtiene meramente de los libros. Es bueno y esencial obtener un conocimiento del mundo en que vivimos, pero si dejamos la eternidad fuera de nuestros cálculos, sufriremos un fracaso del cual nunca podremos resarcirnos. Será como el conocimiento obtenido comiendo el fruto del árbol prohibido…

La palabra del único Dios verdadero es infalible. Sabiduría, santidad, poder y amor infinitos están combinados para señalarnos la norma con la cual Dios mide el carácter. La Palabra de Dios define tan claramente la ley de su reino que nadie necesita andar en tinieblas. Su ley es el trasunto de su carácter. Es la norma que todos deben alcanzar si quieren entrar en el reino de Dios. Nadie necesita caminar en la incertidumbre… La ley de Dios no ha sido abolida. Perdurará a lo largo de las edades eternas. Mediante la muerte de Cristo fue magnificada, y el pecado fue expuesto en su verdadera luz (In Heavenly Places, p. 137; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 139).

En una forma muy definida Cristo, mediante Moisés, les había presentado [a Israel] el propósito de Dios, y había aclarado las condiciones de su prosperidad…

Si ellos guardaban sus mandamientos, Dios prometía darles el mejor trigo, y sacarles miel de la roca. Habría de satisfacerlos con una larga vida, y mostrarles su salvación.

Por su desobediencia a Dios, Adán y Eva habían perdido el Edén, y debido a su pecado toda la tierra quedó maldita. Pero si el pueblo de Dios seguía su instrucción, su tierra había de ser restaurada a la fertilidad y la belleza… Así como en obediencia a las leyes naturales de Dios, la tierra había de producir sus tesoros, así en obediencia a sus leyes morales el corazón de la gente había de reflejar los atributos del carácter de Dios. Aun los paganos reconocerían la superioridad de los que servían y adoraban al Dios viviente (Palabras de vida del gran Maestro, p. 231).

La cadena áurea del amor, que vincula los corazones de los creyentes en unidad, con lazos de compañerismo y amor, y en unión con Cristo y el Padre, establece la perfecta conexión y da al mundo un testimonio del poder del cristianismo que no puede ser controvertido…

Entonces será desarraigado el egoísmo y no existirá la infidelidad. No habrá contiendas ni divisiones. No habrá terquedad en nadie que esté unido con Cristo (A fin de conocerle, p. 173).

El egoísmo y el orgullo entorpecen el amor puro que nos une en espíritu con Jesucristo. Si se cultiva verdaderamente este amor, lo finito se unirá con lo infinito, y todo se centrará en el Infinito. La humanidad se unirá con la humanidad, y toda se unirá con el corazón del Amor Infinito. El amor santificado de unos hacia otros es sagrado. En esta gran obra, el amor cristiano de unos hacia otros —más elevado, más constante, más cortés y más desinteresado de lo que se ha visto—, preserva la ternura cristiana, la benevolencia cristiana, la cortesía, y reúne a la hermandad humana en el abrazo de Dios, reconociendo la dignidad con la cual Dios ha investido los derechos del hombre (Nuestra elevada vocación, p. 175).

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