Unidad y servidumbre

Opinión: Mateo 20: 26-27

Toda fe cristiana tiene un objetivo común que consiste en servir y mantenerse unidos al prójimo. Algunas personas con puestos de importancia como los pastores, los ancianos, o los diáconos creen que son «grandes jefes» debido a esos cargos que ocupan en la iglesia. Se colocan en un pedestal muy por encima de los demás, incomodando a aquellos a quienes deben dirigir y servir. Esa podría ser una de las principales causas de que una iglesia se considere disfuncional. Para preservar la unidad interna de la iglesia, debemos fijar dos ideas en nuestras mentes y corazones: recordar en qué consiste la Gran Comisión; y recordar como Jesús fue ejemplo de un gran líder.

Observar la forma en que Cristo dirigió a sus discípulos es también muy importante para mantener la unidad en la iglesia.

La Gran Comisión es un poderoso mandato que Cristo nos dejó antes de ir al cielo. «Dios me ha dado toda la autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y ensénenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mat. 28: 18- 20). Lo que Jesús nos pidió que hiciéramos consiste en difundir el evangelio por todo el mundo para que la gente pueda escuchar las buenas nuevas de la salvación. Si mantuviéramos en mente esa misión, no pensaríamos tanto en nosotros mismos, sino que nos preocuparíamos por los demás. Asimismo, compartiríamos el evangelio para que todos supieran que pueden heredar la vida eterna al igual que nosotros. Nos distraemos tanto con nuestras funciones en la iglesia y en la sociedad, que nos olvidamos de los demás, poniendo nuestras necesidades por encima de sus necesidades.

Observar la forma en que Cristo dirigió a sus discípulos es también muy importante para mantener la unidad en la iglesia. Jesús no descendió a la tierra para ser servido por el hombre, sino para servir al hombre. Juan 13: 14-15 declara: «Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho». «Sino que renunció a lo que era y tomó la naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humille» a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz» (Fil. 2: 7-8). Jesús desea que reconozcamos la importancia de ser un servidor con el fin de unir a los demás e inspirarlos a hacer lo mismo, sin importar de qué clase social provengamos, o cuán incómodos nos sintamos. Deberíamos sentir temor de no servir como aquel que lavó los pies de sus discípulos y murió por nosotros.

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