La unidad y la organización de la iglesia

«El que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás; y el que entre ustedes quiera ser el primera, deberá ser su esclavo». Mateo 20: 26-27

Jesús nos brindó el mejor ejemplo de siervo. Al imitar a Cristo continuaremos realizando su misión en la iglesia y en el mundo.

El mejor proyecto grupal

Introducción: Mateo 20:26-27:28:18-20

Mientras que algunos alumnos sienten tristeza y desánimo cuando brotan tres palabras de los labios de su profesor, otros se sienten eufóricos. Me refiero a las tres palabras: «Proyecto de grupo». Por lo general, los que se sienten entusiasmados con este tipo de tarea son los que permiten que los demás miembros del grupo hagan todo el trabajo. Casi siempre hay una persona que, tristemente, termina haciendo todo el trabajo. Aunque es muy común, este escenario no tiene que ser siempre así, ya que cada grupo tiene el potencial de funcionar como una máquina bien engrasada. ¿Cómo puede un grupo trabajar de esa forma? «¡Muy sencillo! —tal vez estás pensando—. ¡Si todos hacen su parte, el grupo prosperará!». Yo creo que el grupo ideal debe ser mucho más que eso.

Ninguna tarea es demasiado pequeña.

En Mateo 28: 18-20, somos llamados a «hacer discípulos de toda nación». Para llevar a cabo una tarea tan importante, nosotros los dirigentes debemos hacer un esfuerzo especial para conectarnos con quienes dirigimos, con el fin de alentarlos. Los líderes deben ser capaces de dar cohesión al grupo. Sin unidad, los que son en parte espectadores podrían no desear unirse al grupo (o en nuestro caso, al discipulado) además de que los miembros oficiales no se sentirán obligados a permanecer en él.

Además de estimular la unidad, debemos estar dispuestos a servir a nuestros hermanos. Un verdadero líder debería sentirse bien dirigiendo y sirviendo, dando la misma importancia a todas las responsabilidades. Jesús dijo: «El que entre ustedes quiere ser grande, deberá servir a los demás; y el que entre ustedes quiera ser el primero, debe ser su esclavo» (Mat. 20: 26-27). Ninguna tarea es demasiado pequeña. Para cualquier grupo es esencial mantener esa actitud, además de asegurarse de que todos sepan que tienen una tarea concreta y vital que realizar.

Pensar en la forma de completar con éxito un proyecto grupal trae a mi mente la manera en que se organizan las iglesias. Como cristianos, estamos participando en el máximo proyecto grupal, para presentarlo al mejor maestro. Se nos ha brindado la más maravillosa oportunidad de trabajar de acuerdo con nuestro Creador. Como esto es tan importante, mantenerse organizado y cultivar la unidad debe estar en nuestra lista de prioridades. Debemos valorar cada puesto en la iglesia, desde el ujier hasta el pastor. Una vez más, ninguna tarea es demasiado pequeña.

15/12/2018

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