Cuando surgen conflictos

«Al unirse a Cristo en el bautismo, han quedado revestidos de Cristo. Ya no importa el ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer; porque unidos a Cristo Jesús, todos ustedes son uno solo». Gálatas 3: 27-28

Cuando las ideas de una persona son contrarias a las de otra, tienden a vivir en un tira y afloja. Dios nos pide que pongamos a un lado nuestras diferencias y dejemos de pelear, para que seamos uno en él.

¿Disonancia o armonía? Fortaleza en la unidad

Introducción: Efesios 4:3; 1 Pedro 3:8

La congregación estaba apretujada en aquel hermoso templo. Todos permanecimos sentados hombro con hombro cuando comenzó el servicio de canto. Pronto se unió el órgano, un teclado, una guitarra, una batería y un bajo. Con cada instrumento que se iba incorporando, el volumen se intensificaba más allá de lo que yo estaba acostumbrada. Mi amigo hizo un gesto señalando sus oídos: se estaba sintiendo muy incómodo y prefería disfrutar de la música desde afuera. Decidí acompañarlo y mientras nos dirigíamos a la salida, me fijé en que algunos feligreses levantaban las manos y se unían al canto. La gente estaba alabando a Dios de corazón.

Debemos ser uno en Cristo y resolver nuestras diferencias de una manera amorosa y compasiva.

Fuera del templo, había una familia. Las manos de la madre temblaban mientras las colocaba alrededor de las orejas de su esposo y de su hijo. A medida que avanzábamos hacia la salida, nos encontramos con otro grupo de jóvenes que mostraba abiertamente su disgusto y rechazo por aquella música. Recuerdo que me llamó la atención ver a una madre y a su hijo sentados en los bancos al otro lado del pasillo. No mostraban ninguna contrariedad y no se les notaba ninguna actitud de crítica. Había una especie de paz en ellos. El director de música había invitado a la congregación a ponerse de pie. El hijo de la señora se puso de pie por respeto, pero la madre permaneció tranquilamente sentada en el banco, con la cabeza baja y los ojos cerrados en silenciosa oración. Como la conocía desde hacía tiempo, sabía que aquel no era el tipo de música que a ella le gustaba.

Como músico de iglesia, aprendí a ser tolerante y a no juzgar las preferencias musicales de los demás. En 1 Pedro 3: 8 tenemos un hermoso mensaje respecto a que debemos ser amables y compartir ideas que promuevan la afinidad. «En fin, vivan todos ustedes en armonía, unidos en un mismo sentir y amándose como hermanos. Sean bondadosos y humildes». Por otro lado, Efesios 4: 3 nos invita a procurar la paz: «Procuren mantener la unidad que proviene del Espíritu Santo, por medio de la paz que une a todos».

Mientras nos esforzamos por vivir en armonía, nuestra música, aunque diversa, debería en última instancia glorificar a Dios. Una de mis citas favoritas es de uno los mejores compositores de música clásica. Bach dijo: «El propósito y el objetivo final de toda la música no debería ser otro que la gloria de Dios y el refrigerio del alma». «La música es una armonía agradable para la honra de Dios y para las delicias del alma».

Debemos ser uno en Cristo y resolver nuestras diferencias de una manera amorosa y compasiva. Si nos separamos de la iglesia, es decir, de la gente que constituye la iglesia, nos separaremos de Cristo.


Alva Waworoendeng, Loma Linda, California, USA

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