El Concilio De Jerusalén

Lee para el estudio de esta semana

Hechos 15; Gálatas 2:11-13; Éxodo 12:43-49; Romanos 3:30; Levítico 18:30; Apocalipsis 2:14, 20.

Para memorizar

“Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hech. 15:11).

Después de más de dos años, Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía de Siria. Puesto que toda la iglesia había participado enviándolos como misioneros, era natural que dieran un informe. No obstante, el énfasis de la crónica no estuvo en lo que ellos habían logrado, sino en lo que Dios mismo había hecho a través de ellos.

El objetivo del informe, por supuesto, era el éxito de la misión entre los gentiles, aunque muchos judíos también habían abrazado la fe. Desde lo sucedido con Cornelio, la conversión de los gentiles no circuncidados se había vuelto un problema (Hech. 11:1-18), pero ahora que muchos de ellos ingresaban como miembros de iglesia el tema se volvió aún más complejo. Muchos creyentes de Jerusalén no estaban satisfechos. Para ellos, los gentiles primero debían circuncidarse, es decir, convertirse en prosélitos judíos, para formar parte del pueblo de Dios y tener comunión con ellos.

Hechos 15 gira en torno al problema de los gentiles, que alcanza un nivel crítico, y de qué manera trabaja la iglesia unida para hallar una solución. El Concilio de Jerusalén fue un momento decisivo en la historia de la iglesia apostólica en relación con su misión mundial.


Comentarios Elena G.W

Cornelio… mantuvo su vida religiosa caminando estrictamente de acuerdo con la luz que había recibido. Dios tenía sus ojos sobre él, y lo envió un ángel con un mensaje. El mensajero celestial pasó por alto a los que tenían justicia propia; pero vino a Cornelio y lo llamó por nombre…

Las riquezas y los honores mundanales no pueden satisfacer el alma. Entre los ricos muchos anhelan alguna seguridad divina, alguna esperanza espiritual. Muchos anhelan algo que ponga fin a la monotonía de su vida sin rumbo. Muchos que están en cargos públicos sienten su necesidad de algo que no tienen. Entre ellos hay pocos que van a la iglesia, pues creen que reciben poco beneficio. La enseñanza que oyen no toca el corazón ¿No los exhortaremos de un modo especial?

Dios llama a obreros fervientes y humildes que deseen llevar el evangelio a las clases encumbradas. No es por medio de una relación casual u ocasional como los ricos, apagados al mundo, pueden ser atraídos a Cristo. Hombres y mujeres saturados del Espíritu Santo, que no desfallezcan ni se desanimen, deben hacer esfuerzos personales decididos (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 1060, 1061).

Debemos aferrarnos a la enseñanza de la Biblia y no seguir las costumbres y tradiciones del mundo, los dichos y hechos de los hombres.

Cuando surgen errores y son enseñados como verdad bíblica, los que están conectados con Cristo no confiarán en lo que dice el ministro, sino que —como los nobles bereanos— escudriñarán cada día las Escrituras para ver si estas cosas son así. Al descubrir cuál es la palabra del Señor, se pondrán de parte de la verdad. Oirán la voz del verdadero Pastor, que dice: “Este es el camino, andad en él” (Fe y obras, p. 88).

Este fue un acontecimiento importante para la iglesia. Aunque la pared medianera que separaba a los judíos de los gentiles había sido derribada por la muerte de Cristo, permitiendo que éstos gozaran plenamente de los privilegios del evangelio, todavía no había caído la venda que cubría los ojos de muchos de los creyentes judíos, y aún no podían distinguir con claridad la caducidad de lo que había sido abolido por el Hijo de Dios. La obra debía proseguir entonces con vigor entre los gentiles, y debía dar como resultado el fortalecimiento de la iglesia para una gran afluencia de almas.

Los apóstoles, al desempeñar esta tarea especial, iban a quedar expuestos a la sospecha, el prejuicio y los celos. Como consecuencia natural de su apartamiento del exclusivismo judío, su doctrina y sus opiniones podían ser tildadas de herejía, y sus credenciales de ministros del evangelio serían puestas en tela de juicio por muchos celosos creyentes judíos. Dios previó todas las dificultades que iban a enfrentar sus siervos, y en su sabia providencia permitió que fueran investidos de autoridad incuestionable por parte de la iglesia establecida de Dios, para que su obra estuviera por encima de toda discusión (La historia de la redención,_ _pp. 317, 318).

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