El Primer Viaje Misionero de Pablo

Lee para el estudio de esta semana

Hechos 13; 2 Corintios 4:7-10; Romanos 10:1-4; 3:19; Hechos 14:1-26; Romanos 9-11.

Para memorizar

“Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hech. 13:38, 39).

Sin ninguna duda, el evangelio debía llegar tanto a gentiles como a judíos. El primer informe explícito que tenemos sobre gentiles que se unen a la fe a gran escala corresponde a Antioquía. En otras palabras, fue en Antioquía donde se fundó la primera iglesia gentil, aunque allí también había un contingente importante de creyentes judíos (Gál. 2:11-13). Debido al celo misionero de sus fundadores y al nuevo impulso proporcionado por la llegada de Bernabé y Pablo, la iglesia creció rápidamente y se convirtió en el primer centro cristiano importante fuera de Judea. De hecho, en algunos aspectos incluso superó a la iglesia de Jerusalén.

Mientras los apóstoles todavía estaban apostados en Jerusalén, Antioquía pasó a ser el lugar de nacimiento de las misiones cristianas. Fue desde allí, y con el apoyo inicial de los creyentes locales, que Pablo partió rumbo a sus tres viajes misioneros. Debido al compromiso de ellos, el cristianismo llegó a ser lo que Jesús había previsto: una religión mundial.


Comentarios Elena G.W

Sus obras [de Pablo] fueron más abundantes que las de cualquiera de los discípulos, y sus sufrimientos excedieron toda medida. Fue golpeado con vara, apedreado, naufragó, a menudo estuvo en peligro de muerte. Estuvo en peligro en el mar y en la tierra, en la ciudad y en el desierto, a causa de los ladrones y de sus propios conciudadanos. Prosiguió su misión aquejado por continuas flaquezas, por el dolor, por el cansancio, por las vigilias, por el frío, por la desnudez… Cuando respondió ante el sanguinario Nerón, ningún hombre lo acompañó…

Pero, ¿dedicó Pablo su precioso tiempo a hablar de sus aflicciones? No, desvió la atención de sí mismo a Jesús. No vivió para lograr su propia felicidad, y sin embargo fue feliz… “Sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones” [2 Corintios 7:4].

Pablo fue un ejemplo vivo de lo que cada cristiano debería ser. Vivió para la gloria de Dios… “Para mí el vivir es Cristo” Filipenses 1:21.

Mucho del llamado cristianismo pasa como ortodoxia genuina y fiel, pero esto se debe a que los que dicen profesarlo no tienen una persecución que sufrir por causa de la verdad. Cuando llegue el día en que se invalide la ley y la iglesia sea zarandeada por las fieras pruebas a que serán sometidos todos los que moran en la tierra, una gran proporción de aquellos que pasan por ser genuinos prestarán oídos a espíritus engañadores y se convertirán en pérfidos y traicionarán sagradas verdades. Demostrarán que son nuestros peores perseguidores. “De vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”, y muchos prestarán atención a espíritus engañadores.

Los que se han sustentado con la carne y la sangre del Hijo de Dios —su santa Palabra—serán fortalecidos, arraigados y fundamentados en la fe. Dispondrán de evidencias crecientes para apreciar y obedecer la Palabra de Dios. Dirán con David: “Han invalidado tu ley. Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro”. Mientras otros los consideren como escoria, se levantarán para defender la fe. Todos los que tienen en cuenta su conveniencia, su placer, su beneficio, no soportarán la prueba (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 1064, 1065).

La verdad debe proclamarse a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Ha llegado el momento de llevar a cabo una obra mucho más agresiva en las ciudades y en todos los campos descuidados donde no se ha trabajado.

Se nos pide que ahora realicemos una obra diligente. En esta crisis ningún esfuerzo realizado desmayadamente tendrá éxito. Debemos buscar las almas en todo trabajo que realicemos en las ciudades. Hay que trazar planes juiciosos para que esa obra pueda ser hecha en la forma más ventajosa…

Día y noche me parece oír esta declaración: “Avanzad; añadid nuevo territorio; entrad en nuevos lugares con la carpa y presentad el último mensaje de amonestación al mundo. No hay tiempo que perder. Dejad mi monumento en todo lugar donde vayáis. Mi espíritu irá delante de vosotros y la gloria del Señor será vuestra retaguardia” (El evangelismo pp. 48, 49).

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