El Ministerio De Pedro

Lee para el estudio de esta semana

Hechos 9:32-43; 10:9-16; Efesios 2:11-19; Hechos 11:1-26; 12:1-18.

Para memorizar

“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hech. 10:34, 35).

Con la partida de Pablo hacia Tarso, Pedro vuelve a ser el personaje principal en la narración de Lucas de los primeros días de la iglesia cristiana. Pedro es retratado en una especie de ministerio itinerante en toda Judea y las regiones circundantes. El libro de Hechos, aquí, relata dos breves historias de milagros: la curación de Eneas y la resurrección de Tabita (Dorcas), y luego viene la historia de Cornelio en el capítulo 10.

La conversión de los gentiles era el tema más controvertido en la iglesia apostólica. Aunque las discusiones que siguieron al bautismo de Cornelio distaban mucho de resolver todas las dificultades, el derramamiento del Espíritu, que recordaba lo sucedido en Pentecostés, ayudó a convencer a Pedro y a los hermanos de Jerusalén de que las bendiciones del evangelio no estaban restringidas a los judíos. Mientras tanto, la iglesia de Antioquía ya había comenzado a avanzar hacia los gentiles también.

El estudio de esta semana también incluye el surgimiento de una nueva y breve persecución (esta vez impulsada por el rey Herodes) y su impacto en los apóstoles, que se habían salvado de la persecución impulsada por Pablo.


Comentarios Elena G.W

Cristo vino a esta tierra trayendo un mensaje de misericordia y perdón. Colocó los fundamentos para una religión en la cual judíos y gentiles, negros y blancos, libres y siervos, estuvieran unidos por una hermandad común, reconocidos como iguales a la vista de Dios. El Salvador ama a cada ser humano con un amor ilimitado. Ve capacidad de mejoramiento en cada uno. Con energía y esperanza divina les da la bienvenida a aquellos por quienes ha dado su vida. Con la fuerza de él pueden vivir una vida rica en buenos frutos, llena del poder del Espíritu (Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 214).

El Señor Jesús exige que reconozcamos los derechos de cada hombre. Los derechos sociales de los hombres, y sus derechos como cristianos, han de ser tomados en consideración. Todos han de ser tratados con refinamiento y delicadeza, como hijos e hijas de Dios (Reflejemos a Jesús, p. 20).

La religión de Cristo eleva al que la recibe a un nivel superior de pensamiento y acción, al mismo tiempo que presenta a toda la especie humana como igual objeto del amor de Dios, habiendo sido comprada por el sacrificio de su Hijo. A los pies de Jesús, los ricos y los pobres, los sabios y los ignorantes, se encuentran, sin diferencia de casta o de preeminencia mundanal. Todas las distinciones terrenas son olvidadas cuando consideramos a Aquel que traspasaron nuestros pecados. La abnegación, la condescendencia, la compasión infinita de Aquel que está muy ensalzado en el cielo, avergüenzan el orgullo de los hombres, su estima propia y sus castas sociales. La religión pura y sin mácula manifiesta sus principios celestiales al unir a todos los que son santificados por la verdad. Todos se reúnen como almas compradas por sangre, igualmente dependientes de Aquel que las redimió para Dios (Obreros evangélicos, p. 345).

Vanos eran los esfuerzos de Satanás para destruir la iglesia de Cristo por medio de la violencia. La gran lucha en que los discípulos de Jesús entregaban la vida, no cesaba cuando estos fieles portaestandartes caían en su puesto. Triunfaban por su derrota. Los siervos de Dios eran sacrificados, pero su obra seguía siempre adelante. El evangelio cundía más y más, y el número de sus adherentes iba en aumento…

Miles de cristianos eran encarcelados y muertos, pero otros los reemplazaban. Y los que sufrían el martirio por su fe quedaban asegurados para Cristo y tenidos por él como conquistadores. Habían peleado la buena batalla y recibirían la corona de gloria cuando Cristo viniese. Los padecimientos unían a los cristianos unos con otros y con su Redentor (El conflicto de los siglos, pp. 39, 40).

04/08/2018

El Ministerio De Pedro

05/08/2018

En Lida Y Jope

06/08/2018

En La Casa De Cornelio

07/08/2018

El Don Del Espíritu

08/08/2018

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09/08/2018

La Persecución De Herodes

10/08/2018

Para Estudiar Y Meditar