Confinado en Cesarea

«Que sea en poco tiempo o en mucho, quiera Dios que no solamente Su Majestad, sino también todos los que me están escuchando hoy, lleguen a ser como yo, aunque sin estas cadenas». Hechos 26:29

Pablo no permitió que su encarcelamiento le privara de escribir cartas y de predicar a sus captores. Del mismo modo, no debemos consentir que los reveses de la vida nos impidan alcanzar nuestros objetivos.

Locos por Jesús

Introducción: Lucas 9: 24

Repasando la vida de Pablo, me descubrí de pronto a mí mismo haciéndome eco de las palabras de Resto: « ¡Estás loco, Pablo!» (Hech. 26: 24). Déjame explicarme, no creo que la adhesión de Pablo al plan de Dios para su vida fuera una locura; lo que encuentro extraño es su decisión de someter su voluntad completamente.

Una entrega total a la voluntad de Dios puede parecer una locura si consideramos la locura en términos humanos.

Desde el momento en que Pablo acepta el llamamiento de Dios tras su encuentro con Cristo en el camino a Damasco, no parece titubear ante ninguna encomienda. Incluso Moisés y Elías, grandes siervos de Dios, mostraron en algún momento cierta reticencia a seguir el plan divino para ellos considerando los extraordinarios sacrificios que conllevaba. Sin embargo, Pablo cede por completo. Es como si le gustara transitar por la senda del martirio. Cuando un profeta le advirtió que sería apresado si iba a Jerusalén, Pablo declaró que no solo está preparado «a ser atado sino también a morir en Jerusalén por causa del Señor Jesús» (Hech. 21: 10-13). Y cuando fue apresado por los lideres judíos en Jerusalén, en lugar de comportarse con deferencia, el discurso directo de Pablo enfureció tanto al sumo sacerdote y al concilio que casi le costó la vida (Hech. 23: 1-10). ¡La aparente indiferencia de Pablo por su propia vida me parece una locura!

Mientras escribo esto, recuerdo la historia de otro mártir Jim Elliot. Él se sintió llamado a ministrar a la tribu de los waodani de Ecuador, un pueblo violento. Ellos eran conocidos por sus vecinos como aucas (de aqwa, la palabra quechua para «salvaje»). Jim sabía esto, pero no permitió que le impidiera llevar a cabo su misión. Pasó varios años preparándose para el contacto: aprendiendo primero el idioma y la cultura quechua, instalando un campamento cerca de las tierras tribales waodani y reclutando a otros misioneros para que lo ayudaran en su labor.

Uno de los reclutas de Jim era Nate Saint, un piloto que mientras volaba logró localizar a una comunidad waodani cercana. La hermana de Nate, Rachel, se hizo amiga de un waodani que enseñó algunas frases al equipo de la misión. Enviándoles regalos y llamando a los waodani en su propio idioma, el equipo de la misión trataba de ganarse la confianza de ellos.

Todo pareció funcionar cuando los waodani respondieron. Alentados por esto, Jim y otros cuatro misioneros decidieron encontrarse con ellos cara a cara. Los cinco murieron menos de una semana después de iniciar aquel acercamiento, atravesados por las lanzas y las flechas de los indígenas.

Una entrega total a la voluntad de Dios puede parecer una locura si consideramos la locura en términos humanos. Sin embargo, someter nuestra voluntad a Dios como siervos suyos que somos es lo único que podemos hacer sin arriesgarnos. «Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la salvará» (Luc. 9: 24).

Malcolm Thomson, Orlando, Florida, USA

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