Arresto en Jerusalén

«A la noche siguiente, el Señor se le apareció a Pablo y le dijo: “Animo, Pablo, porque así como has dado testimonio de mi aquí en Jerusalén, así tendrás que darlo también en Roma”». Hechos 23: 11

El agua que ingresa a un arroyo o a un no tiende a aumentar el caudal del mismo, así como la fuerza de su corriente. Nosotros debemos esforzarnos por crecer en Cristo colectivamente, sin dejar a nadie atrás, alentándolos para que todos crezcamos juntos.

Héroes

Introducción: 2 Timoteo 3:12

Pablo le escribe a Timoteo y le dice: «Es cierto que todos los que quieren llevar una vida piadosa en unión con Cristo Jesús sufrirán persecución» (2 Tim. 3:12). Si el Espíritu Santo llevo a Pablo a escribir esto a un joven cristiano miembro de aquella iglesia primitiva, ¿cuánto más relevantes serán esas palabras para los jóvenes adventistas que viven en un tiempo en el que la iglesia cumple su destino terrenal?

¿Sentirán todos los cristianos la misma ansiedad que experimento yo cuando surge el tema de la persecución?

«¿Sentirán todos los cristianos la misma ansiedad que experimente yo cuando surge el tema de la persecución?», me pregunto algunas veces. Me preocupo al pensar: «¿Estaré listo? ¿Tengo lo que se necesita para superar esa prueba? ¿Tendré suficiente valor para ir a prisión o, lo que es peor, para morir por mi fe?». Luego, Dios silenciosamente me recuerda el texto de 2 Corintios 9: 8: «Dios puede darles a ustedes con abundancia toda clase de bendiciones, para que tengan siempre tocio lo necesario y además les sobre para ayudar en toda clase de buenas obras».

En Antioquia, había un obispo llamado Ignacio que era despreciado por su fe y que fue considerado un criminal por sus creencias. Fue apresado y enviado a Roma, donde seria juzgado y ejecutado por creer en Jesús. Ignacio rechazó el desánimo y utilizó su viaje de la misma forma que Pablo, ministrando a los soldados que lo escoltaban. Él es conocido específicamente por sostener sus grilletes para que les fuera más fácil a sus captores ajustárselos. A lo largo del camino, animo a las iglesias de todas las ciudades, e incluso les predico la Palabra de Dios. Aquel hombre, aun en medio de la persecución y en un viaje que lo llevaría a la muerte, no podía dejar de ser una bendición para los demás.

Escribió a la iglesia en Roma: «Ahora empiezo a ser un discípulo. No me preocupo por nada, ni por cosas visibles ni invisibles, de modo que tan solo puedo ganar a Cristo. No importa que caigan sobre mí el fuego y la cruz, las bestias salvajes, la rotura de huesos, el desgarre de extremidades, la mutilación del cuerpo o toda la malicia del diablo. ¡Nada de eso importa si puedo ganar a Cristo Jesús!».*

Aquellos que nos precedieron pudieron resistir la persecución con valentía porque recibieron a diario la gracia de Dios. Pudieron mirar con fortaleza más allá del ocaso de su vida terrenal para ver un futuro celestial más brillante. Así será con nosotros. No debemos temer lo que tenemos por delante, porque nada puede separarnos del amor de Cristo si vivimos con él y para él, ya que Cristo obra en nosotros y a través de nosotros. Podemos confiar plenamente en que, incluso en los momentos más oscuros, somos «más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Rom. 8: 37). Entonces se revelará el verdadero heroísmo que siempre ha distinguido a los hijos de Dios.

¿Serás contado entre sus hijos fieles?

*John Foxe, Foxe’s Book of Martyrs (ebook).

Stephanie Akenberger, Traverse City, Michigan, USA

08/09/2018

Arresto en Jerusalén

09/09/2018

El último deseo de Pablo

10/09/2018

Unidos en él

11/09/2018

Dimensiones de la fe

12/09/2018

Si vergüenza ni temor

13/09/2018

Todas las cosas

14/09/2018

Identificando los impedimentos