Mis objetivos misioneros

Opinión: Hechos 20: 24

Durante el periodo de elecciones, cada candidato sale a la calle a «vender» su programa electoral a los votantes. En el autobús, alguien entona una canción que favorece a determinado político. A todo el mundo le parece normal, ya que es época de elecciones. «¡Apoyen a mi candidato, incluso si no es de su agrado!», reitera el hombre, sobreponiéndose a los murmullos de los pasajeros. Sin tomar en cuenta la presencia de pasajeros de diversas preferencias políticas, el hombre continua mostrando su apoyo a su candidato, hasta que llega a su destino. La osadía que demuestra es una de las cualidades que necesitamos para exaltar y promover a Jesús en un mundo que está en la oscuridad. Es cierto que muchas circunstancias pueden obstaculizar nuestros esfuerzos para llevar el evangelio a territorios no alcanzados. En algunos lugares, temeríamos por nuestras vidas. En otros, podríamos ser objeto de intimidación, quizá porque parecemos diferentes a los demás. Sin embargo, Pablo nos desafía: «Mi propia vida no cuenta, con tal de que pueda correr con gozo hasta el fin de la carrera y cumplir el encargo que el Señor Jesús me dio de anunciar la buena noticia del amor de Dios» (Hech. 20: 24).

Cristo quiere que seamos sembradores de su Palabra en nuestra generación.

Mi objetivo misionero es asociarme con Cristo para terminar la obra que comenzaron los apóstoles. Pablo dedicó su vida al objetivo de que la Palabra de Dios llegara a cada rincón de Éfeso. En sus propias palabras, él estaba listo «no solamente a ser atado sino también a morir en Jerusalén por causa del Señor Jesús» (Hech. 21: 13). Si seguimos el ejemplo de Pablo, podemos llegar a los lugares no alcanzados con el evangelio. Podemos duplicar el número de creyentes.

Al igual que en un año electoral, en que todos promueven a su candidato favorito, nosotros debemos salir con valentía a proclamar al mundo los mensajes del primer, segundo y tercer ángel. Este es un deber de todo miembro de la iglesia. Cristo quiere que seamos sembradores de su Palabra en nuestra generación. Más de veinte millones de miembros de la Iglesia Adventista están llamados a unirse a los apóstoles para hablar al mundo de la justicia y la redención que solo Cristo ofrece. Podremos cumplir nuestra meta en la misión cuando reconozcamos a Cristo y su justicia (Juan 12: 32), cuando permanezcamos fieles a él (Apoc. 2: 10), y cuando nos comprometamos en el evangelismo y la testificación (Juan 9: 37-38; Sant. 1: 25; Juan 9: 4).

PARA COMENTAR

1. ¿Qué cosas podrías hacer por Cristo en tu comunidad?

2. ¿Cómo puede la iglesia capacitar a sus miembros para que se comprometan en la obra misionera?

Millicent Akinyi, Nakuru, Kenya

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