Las marcas de un mayordomo

“Que todos nos consideren servidores de Cristo, encargados de administrar los misterios de Dios. Ahora bien, a los que reciben un encargo se les exige que demuestren ser dignos de confianza” (1 Corintios 4:1, 2). Dios bendijo a un mayordomo fiel mediante una fuente insólita

Introducción: Juan 15:7

Patricia había sido mayordoma fiel de su tiempo, su dinero, su templo y sus talentos. Hasta daba más que sus diezmos y ofrendas. Ahora era el momento de volver a la Universidad Adventista Andrews a continuar su maestría en Administración de Em-presas. El problema era que no tenía suficiente dinero para la inscripción; sin embargo, creía que Dios proveería los fondos necesarios.

Se acercaba la fecha límite para la inscripción, todavía le faltaban fondos y nada indicaba de dónde podría obtenerlos. Cuando su madre le preguntó cómo Iba a volver a la universidad sin dinero, Patricia respondió con confianza: “Dios proveerá el dinero”. Patricia continuó orando. Tenía una confianza calma y segura de que él realmente proveería los fondos, de la fuente que él eligiera. Entonces recordó un sermón donde enseñaron la importancia de Juan 15:7, donde Dios nos está desafiando: “Si permanecen en mí, y mis pa-labras permanecen en ustedes, ¡los desafío a pedirme cualquier cosa y a ver si no lo haré!” Patricia nunca lo olvidó.

Un día, recibió una llamada telefónica que siempre recordaría. Era la hermana Boyd, miembro de su iglesia, una mujer intimidante que rara vez sonreía y siempre estaba muy seria. A Patricia, su apariencia y la manera en que se arreglaba el cabello le hacía pensar en la hermana White. No obstante, ella era fiel a Dios y obediente a su dirección.

La llamada fue algo así: “Hola, habla la hermana Boyd. Dios me dijo que necesitabas dinero para tus estudios. ¿Cuánto necesitas?” Patricia no lo podía creer y, temiendo pedir demasiado, dio una cantidad menor a lo que necesitaba. La hermana Boyd respondió, diciendo: “Estará mañana en el correo. Adiós”. Y al final, ¡la hermana Boyd envió bastante más de lo que Patricia había pedido! Aunque Patricia flaqueó a la hora de responder, Dios la bendijo por su fe en él y en su Palabra, y por ser una mayordoma fiel.

Las bendiciones de Dios a menudo vienen de fuentes insólitas y de personas que nunca hubiéramos imaginado que tendrían los medios o los dones para bendecirnos. ¡Nunca subestimes a Dios! Cuando tienes una relación fiel y obediente con él, y estás determinado a ser un buen mayordomo de todos los dones que él te ha dado, puedes pedirle cualquier cosa y él lo hará.

Patience Barnes, Mt. Pleasant, Pensilvania, EE.UU.

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